-
Distopía de género: La metamorfosis de Julián 3
Fecha: 18/04/2026, Categorías: Transexuales Autor: Vera, Fuente: TodoRelatos
... para admirar a la criatura temblorosa y suplicante que había creado, al guapo espécimen que se ofrecía en su altar de caoba. Y en ese segundo de pausa, en ese infinitesimal instante en que la presión cesó, algo arcaico y olvidado —un instinto de supervivencia, un eco de su antiguo yo— se activó. Fue un espasmo, no una decisión. Con un movimiento torpe y desesperado, se impulsó hacia delante, liberándose del agarre y cayendo al otro lado del escritorio. Se puso en pie de un salto, tropezando, subiéndose los pantalones con manos temblorosas, abrochándose el cinturón con una torpeza patética. Su pelo estaba revuelto, su rostro enrojecido, su camisa medio abierta, el uniforme un desastre. Parecía una puta después de un cliente particularmente rudo. —Debo… —jadeó, sin atreverse a mirar a Valerius—. La… la patrulla… Mi turno, señor… Lo siento, debo irme. Valerius no se movió. Se quedó allí, con los pantalones abiertos, una sonrisa de depredador satisfecho en el rostro. No lo detuvo. No necesitaba hacerlo. Sabía que la semilla ya estaba plantada. Sabía que era solo cuestión de tiempo. Mientras Julian se retiraba hacia la puerta, su cuerpo lo traicionó por última vez. Sin darse cuenta, el pánico y la adrenalina hicieron que sus caderas se balancearan con una exageración casi caricaturesca. Su trasero, apretado en esos pantalones, bailaba de un lado a otro, un péndulo de carne prometedora, cada movimiento un adiós lascivo, una promesa silenciosa de que volvería para ...
... más. Era el contoneo de una mujer que sabe que la están mirando. —Julian —la voz del Jefe lo detuvo justo en la puerta, tranquila y llena de una autoridad absoluta—. Vuelve aquí después de tu turno. Tenemos que terminar esta conversación. Julian tragó saliva, el nudo en su garganta era del tamaño de un puño. No respondió. Solo pudo abrir la puerta y escapar al pasillo, sin estar seguro de si la próxima vez sería capaz de resistirse. O si querría hacerlo. *** Milagrosamente, lo había logrado. Estaba en el pasillo, apoyado contra la pared fría, el cuerpo entero vibrando como un diapasón. El aliento le quemaba la garganta. Su polla era una roca candente en sus pantalones, tan dura que le dolía, y se negaba a calmarse. Su visión era un túnel borroso. *Mierda, mierda, mierda*, pensó. *¿Qué coño ha sido eso? ¿Qué coño soy? Este sistema… esta puta cosa en mi cabeza… me mantiene en un estado constante de celo. Es un parásito en mi sangre, una fiebre que nunca baja. Y todos lo huelen. Los matones en la calle, mis compañeros, el Jefe… huelen la desesperación en mí, huelen que soy una puta a punto de reventar. Y se aprovechan. Me acosan, me tocan, me humillan… porque saben que una parte de mí, una parte que cada día es más grande, lo desea. Lo necesita. Y la peor parte… la peor parte de todo… es que rendirse se siente tan bien. Dejar de luchar. Es… fácil.* —*¡JAJAJAJA!* —la risa de Julianna era como cristales rotos en su cerebro—. *¡Mira a la pequeña puta indecisa! ¡Qué ...