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El Deseo de Marcos
Fecha: 23/04/2026, Categorías: Gays Autor: Zarsex, Fuente: TodoRelatos
Aquella noche, Marcos esperaba que su amo reclamara su cuerpo. Se había recostado, casi desnudo, sobre el sofá de cuero negro que adornaba la estancia, justo frente a la puerta, que había dejado entornada con cuidado. Su respiración era tranquila, pero sus ojos negros permanecían fijos en el marco de la entrada. El silencio se rompió con una vibración seca: un mensaje de texto. —Calientame un poco, para que me den ganas de ir —decía. Marcos sabía cómo funcionaba esto. Sus dedos dudaron apenas un segundo antes de deslizarse por su cuello y bajar el pañuelo largo que cubría parte de su pecho. Tomó una fotografía en la que sus labios, gruesos entreabiertos, ocupaban el centro de la imagen, y justo debajo se dejaba ver su piel blanca, apenas sombreada por el contraste de la tela. La respuesta fue inmediata. —¿Tú crees que eso me calienta? Quiero ver lo que te voy a reventar. Sin chistar, pero con un leve gesto de incomodidad, apoyó el teléfono en el respaldo del sofá. Activó el temporizador, y con movimientos calculados se puso en posición: su cuerpo delgado se curvó en cuatro, dejando al aire su trasero perfectamente esculpido, con los glúteos redondos apuntando al techo. Con ambas manos abrió las nalgas lentamente, dejando a la vista un pequeño y apretado botón oscuro. Un click sordo selló la imagen. —Eso está mejor. Estoy llegando. Espérame tal como te ves en la foto. Marcos se quedó en esa posición, con la cara enterrada en la almohada del sofá, el ...
... torso cubierto solo por el pañuelo y el resto de su cuerpo completamente ofrecido, temblando apenas por la exposición. Tras veinte minutos Marcos se encontraba somnoliento, el sonido metalico de la reja lo desperto, dio vuelta el rostro en la almohada fijando la mirada en la puerta, que no tardo en ser abierta, rapidamente entro un chiquillo vestido por completo de negro, como si quisiera esconderse incluso de su mirada. Marcos lo observó mordiendo su labio inferior, —Me encanta este cabrito —pensó, mientras arqueaba la espalda con sutileza, acentuando la curva que conectaba la cintura estrecha con su trasero de burbuja. Byron perplejo no pronunció palabra, sus ojos celestes se clavaron en la escena, repasando cada rincón del cuerpo ofrecido, se frotó las manos y se relamió los labios, con ansiedad. Sin perder un segundo, cruzó la estancia y descargó una palmada violenta en el glúteo izquierdo de Marcos, dejando una marca roja que ardía. Un gemido suave se escapó de los labios mordidos de Marcos, que intentó contener el dolor, recordando —en ese instante fugaz— por qué había evitado a Byron tanto tiempo. —Perrita, anda a buscarme una botella. De lo que sea. Sabes que sobrio…, no te toco. Dijo titubeante. Marcos acarició tímidamente la marca aún caliente sobre su piel, mientras que con un gesto torpe, se colocaba el pañuelo como si fuera un vestido improvisado, se puso de pie, pero Byron le detuvo con una mano firme en la cintura. —Quítate todo. Quiero ...