1. El Deseo de Marcos


    Fecha: 23/04/2026, Categorías: Gays Autor: Zarsex, Fuente: TodoRelatos

    ... verte desnudo –, ahora con un tono que denotaba más seguridad.
    
    Marcos agachó el rostro enrojecido de vergüenza, mientras deslizaba el pañuelo por su cuerpo, como si con él se desprendiera de su dignidad.
    
    El cuerpo de Marcos reaccionó. Trató de contener la erección, luchando contra sí mismo. Inútil, la tela se enganchó en el pequeño miembro.
    
    Byron se largó a reír, mientras que Marcos, rojo de vergüenza, se lo quitó, dejando el pañuelo en un sofá lateral.
    
    Byron volviendo a personaje se coloca frente a el chiquillo desnudo y con dos dedos le pega una palmada al glande descubierto.
    
    Marcos dio un pequeño salto de dolor, pero contuvo el quejido.
    
    Rápidamente caminó en puntillas hacia la cocina, donde tenía preparada una botella de vino y dos copas. El gesto parecía, ahora, fuera de lugar.
    
    Desde la estancia, una voz rasposa lo alcanzó entre el humo:
    
    —Tráete un cenicero también, por favor –, Le gritó con voz amigable
    
    Marcos dudó. Observó las copas con cierta tristeza, antes de admitir para sí lo obvio: su visita no era un hombre fino.
    
    Mientras su cuerpo aún ardía, comprendió otra verdad incómoda. Por más que deseara ser su perrita —por más que su mente lo imaginara con deseo—, no podía hacerlo sobrio.
    
    Abrió la botella con destreza y bebió directo del cuello. Un trago largo, casi desesperado. El contenido quedó a la mitad, y el líquido le cayó pesado en el estómago vacío, encendiendo su pecho con una quemazón dulce y un sabor frutal en los ...
    ... labios.
    
    Debía parecer, al menos, medio sobrio.
    
    Inspiró hondo, se peinó con los dedos y volvió a la estancia con pasos lentos y desiguales.
    
    Byron lo esperaba allí, sentado en su trono improvisado, con un cigarro entre los labios, los pies cubiertos por calcetines delgados y el cuerpo apenas vestido con un bóxer oscuro y una polera naranja que le colgaba floja, como si aún intentara protegerse del calor ajeno.
    
    Se había quitado también su gorrito de lana, dejando al descubierto su cabellera dorada, suave, casi infantil, un contraste que a Marcos ahora le parecía cruelmente delicioso.
    
    Marcos se plantó frente a él, desafiante, y le entregó los artículos solicitados. Byron le regaló una sonrisa coqueta, que atravesó todas sus defensas.
    
    —Soy de él —pensó Marcos, derritiéndose por dentro.
    
    Por un segundo quedó hipnotizado, viendo cómo sus labios gruesos rodeaban el cuello de la botella. Algunas gotas se escapaban por las comisuras, resbalando por su rostro suave, acariciando su piel blanca, apenas bronceada.
    
    Sus ojos bajaron hasta esas manos delgadas pero firmes que sujetaban la botella con despreocupación, como si todo le perteneciera. Marcos, pasmado, no pudo evitar observar con hambre. Estaba ante su verdugo… y aun así lo deseaba.
    
    —Toma un poco, me gusta que mi perrita esté ebria —dijo sonriente, estirando el brazo con fuerza para compartir la botella.
    
    —Ah, y agáchate también —añadió.
    
    En un gesto casi compasivo, tomó uno de los cojines del sofá y lo dejó caer ...