1. La curiosidad mato al gato (padre e hija)


    Fecha: 24/04/2026, Categorías: Incesto Autor: luisfa60, Fuente: TodoRelatos

    ... nada te pido disculpas, pero hace rato que lo vengo haciendo…
    
    - ¿Por qué hija?
    
    - Es por una necesidad de complacer a mi cuerpo (manera fina de decir para pajearme).
    
    - Pero soy tu padre, no deberías; hay tantos chicos de tu edad que estarían deseosos de compartir con vos.
    
    - Es que no quiero a otra persona.
    
    - ¿Ya has tenido relaciones sexuales?
    
    - No, papa, nunca, lo más cercano son mis dedos y mis manos. Estoy en una etapa donde mi cuerpo pide un hombre, ¿cómo es que le dicen? ¿Hormonas alteradas?
    
    Trato por todos los medios de explicarme que él no era el indicado para esas cosas, que debía estar con alguien de mi edad y él era mi padre, y blablablá.
    
    Estratégicamente me acurruqué en el sillón adoptando una posición casi fetal y comencé a sollozar a la vez que repetía en voz baja: es que lo necesito.
    
    Papa se acercó a mí para acariciar mi pelo en una forma muy dulce; lo observé por el rabillo del ojo y pude ver su cara de compasión y desesperación por no saber qué hacer o decir. Calculo que debe pensar en este momento la necesidad que tengo de hablar con una madre que me guie en este sentido.
    
    Su mano temblorosa recorría mi espalda a la vez que una lágrima lo hacía por su mejilla. Sentí pena por él, por ponerlo en esta situación, pero lo necesitaba dentro de mí; quería ser poseída por él, no por nadie más; mi inmaculez sería de él.
    
    Su mano recorría mi espalda desde la nuca hasta el comienzo de mi tanga; estuvo por un rato acariciándome; cada vez ...
    ... que llegaba a esa minúscula prenda, yo daba un respingo intentando poner el culo en pompa, invitándolo a que toque más. No se animaba. Me di vuelta, extendiéndome boca arriba para que hiciera lo mismo con mi parte frontal, aprovechando que no tenía corpiño. Su mano solo se entretuvo con mi abdomen por unos minutos. Observo que su calzoncillo empezó a crecer en la entrepierna; cuanto más crecía, más se animaba; ahora su mano llegaba hasta casi tocar mis tetas y por debajo hasta el triángulo de tela de mi ropa interior que dejaba ver la humedad de mi vagina impregnada en ella. Ya sin dudar más, lleve mi mano hasta ese tan deseado miembro. Intento correrse, pero su excitación pudo más.
    
    Sus suaves manos de oficinista se posaron en mis tetas, que reaccionaron irguiendo los pezones como muestra de la excitación.
    
    Se incorporó tomándome delicadamente de ambos brazos para sentarme. Bajó su ropa interior, dejando esa barra de carne dura a la altura de mi boca; sin dudarlo pasé la lengua por el glande, llevándola desde los testículos hasta la punta, dándole pequeños besos. Traté de hacer lo que había visto en las películas XXX e iba sumando las indicaciones que me daba Papa. Brotaba líquido pre seminal, el que me supo rico y exacerbó más mi calentura. Engullí del todo esa verga caliente y palpitante, esa misma que ayudó a traerme a la vida.
    
    Nuevamente me tomó de los brazos, haciéndome poner de pie. Con sus manos levantó la minúscula remera; mis brazos se elevaron para no poner ...
«1234...»