1. Oda a las alumnas del IED Altamira


    Fecha: 25/04/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Orlok82, Fuente: SexoSinTabues30

    Upskirt | Colegialas | Humor | Parodia | Ñeros
    
    Las más guarras de San Cristóbal
    
    🅹ulieth es una bella adolescente de 15 y medio años de edad, hija de un señor que maneja una inmensa volqueta y una señora —por poco, otra muchacha— que vende chiros baratos en el centro. Viven, auxiliados por subsidio, en una gran urbanización muy cerca al colegio, en el barrio Altamira. Julieth está entre las 2 o 3 viejas más buenotas del Altamira. Cursa grado undécimo. Es toda una guarra, como verán. Su cabello podría estar más largo, pero se lo cortó y se lo dejó hasta la cadera, por un consejo que le dio su amiga Zuly, más conocida como La Mosquita. Vecina de la urbanización pero alumna del San José. El consejo fue: «Oiga, Julieth, marica, usted tiene el pelo muy largo y le tapa el culo. Si yo tuviera ese culazo que usted tiene no me lo taparía». Y sí, Julieth tenía un culazo como para meterlo en un concurso de culos para colegialas. A veces se ponía jeans delgadísimos, casileggins —pero solo eranjeans demasiado baratos, de los que vendía su madre—, que le marcaban ese culo tremendamente. De esos que quedan como pintados con brocha y aquellos con que, solo con que Julieth separara un poco las rodillas, ya se le veía el mango envuelto desde atrás. Un día cualquiera, Julieth y su otra amiga Emma Marcela se subieron a un bus alimentador atiborrado. Julieth llevaba su ajustadojean y se llevó una sorpresa al bajarse a tomar camino casa de su novio Uldabir. Al ajustarse el pantalón notó ...
    ... algo húmedo y le preguntó a Emma Marcela qué tenía, empinándose graciosamente y mostrándole el culo a su amiga. —¡Marica! ¡Ay hijueputa! —exclamó Emma Marcela. —¡¿Qué? ¿qué tengo, marica?! Antes de responder, Emma Marcela acercó su cara al bello culo de Julieth. Entonces volvió a tronar un par de groserías, giró sobre sí misma como trompo, sacudió las manos y quedó al final tapándose la boca. —¡Jueputa! Hable, Emma, mal-parida perra ¿qué tengo? —Julieth, mami, se le pajearon en el pantalón. Está llena de semen, marica. Entonces fue Julieth quien sacudió las manos y giró con cara de martirio. —Ay ¡gonorrea! ¿Quién el fue perro-hijueputa? —Volvió a empinar las nalgas contra Emma Marcela—: ¿Y es mucho? Para contestar, Emma Marcela se calmó, se hincó hacia el sabroso trasero de Julieth y casi saboreándose, dijo: —Marica, le echaron artísimo. Julieth usó los dedos medio y anular para comprobarlo. Recogió una muestra y levantó la mano para observarla. Al ver los mecos escurriendo, hizo cara de querer vomitar, maldijo, renegó y dio un par de arcadas. Pero, al ver a Emma Marcela tan relajada, pensó que quizás ella estaba provocada y empezaron a jugar. Julieth persiguió a Emma Marcela al rededor de un viejo automóvil parqueado, recogiendo semen de sus nalgas y amenazando a Emma Marcela con restregárselo en la boca. —¡Tome, tome! ¡Lechita mami! ¡Tome ates que se enfríe! Desde entonces, cuando Julieth usa esos jeans, se pone una blusa larga o se ata el suéter a la cintura, si es que el bus ...
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