1. Oda a las alumnas del IED Altamira


    Fecha: 25/04/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Orlok82, Fuente: SexoSinTabues30

    ... alimentador está muy lleno. Pero Julieth era mucho más que culo rico. Era una guarra de piel trigueña, como pan aliñado. Y textura y contorno de cuerpo, que daban ganas de morder, también como el pan aliñado caliente. Su cara era como la de una ñera cualquiera, con un gesto que ya le había quedado perenne de tanto fingirlo desde niña: Subiendo un centímetro la mandíbula y así dando la ilusión de que sus labios estaban echados para adelante. Tenía cara preciosa de ojos grandes y maquillados a lo Cleopatra. A veces se cogía el largo pelo negro con una coleta de caballo que se hacía desde más arriba de lo normal, casi desde la coronilla. Otras veces invertía un par de horas en hacerse decenas de trenzas delgaditas y en decorarlas con aritos de plástico multicolores. Como dije, Julieth era de las mejores del Altamira. Eso incluía un par de soberbias tetas que, por la edad, estaban como para comer con cubiertos. Erectas y orgullosas como un par duraznos de tres cuartos de libra. Tetas de esas que no se unen al pecho mediante una curva, sino que parecen una par de naranjotas incrustadas en este. Por otra parte, Julieth era la chica alta del Altamira. O sea que… si entre vosotros, respetados lectores, tan depravados como yo, hay algún mirón —o mirona ¡un abrazo a las damas que me leen!—, pues sumen: Que las guarras del Altamira usaban las faldas más altas de la ciudad, que su colegio estaba en una loma pronunciada y que Julieth era particularmente de buena estatura. Verla en ...
    ... uniforme era como para babear. A veces, algún que otro señor tenía que resistir la tentación de sobarse el bulto ahí en la calle, viéndola.
    
    🅹ulieth era de las que usa cachetero. Una vez, nuestra muchacha llevaba a su sobrinito de 2 años desde casa de su tía a su propia casa, en la urbanización llena de cortinas y ropa extendida haciendo de banderas de equipos de fútbol. Ya estaba lista para ir al colegio, con su uniforme bien plantado, el cuello de la camisa torcido y la corbata floja, y la falda tan corta que por delante podían verse las puntas de los laterales de su camisa, si agachabas un poco la cabeza. Andaba al lado de la avenida a pasos de tortuga, debido a que el niño si apenas andaba. Julieth lo llevaba de la mano y debido a ello iba un poquitín doblada. El tipo que fuera detrás de ella, si era un hombre normal, debería ir babeando. Julieth se agachaba todavía más a ratos, para limpiarle los excesos de helado de la boca al niño o para consentirlo. Qué espectá-culo. Pues ese día, uno de esos detestables pervertidos la vio de lejos y aprovechó que Julieth iba por el desolado borde de la avenida. Cerca a un desvío, el viento sorprendió a Julieth agachada mientras le decía algo al niño y le alzó la diminuta faldita hasta volteársela sobre la cadera. Pero Julieth estaba tan bien acostumbrada a mostrar, que no le importó. Mostrar el cachetero entero o las nalgas no era nada, pero el viento la había descubierto tanto que ella temió que se le viera el ojete del culo. Su ...
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