1. Oda a las alumnas del IED Altamira


    Fecha: 25/04/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Orlok82, Fuente: SexoSinTabues30

    ... de ellas para entrar a su colegio. Las otras, con uniforme de cuadros azules claro y blancos y cuadrícula azul oscuro; partieron al San José, a un par de cuadras. Allí ingresaban por una sólida rampa de aproximadamente un piso de altura, bajo la que había vendedores de golosinas, más colegiales y a veces algún que otro ansioso mirón. En ninguna otra parte era más fácil ir a ver culos de jovencitas y sensuales colegialas que al San José.
    
    —¡Señorita Rico! —Gritó una joven profesora. —¡Emma Marcela, la llaman! —avisó Mosquita. —¿Señora? —Vayan pensando en una actividad para recaudar fondos para mandar a los de undécimo a excursión. Siempre era impuesto deber de los de grado décimo el reunir plata para despedir a los de grado undécimo. Rato después, Emma Marcela y Mosquita renegaban: —¿O sea que allá en el Altamira, los de décimo van a mandar de paseo a Julieth? —se quejó Emma Marcela. —Pues a nosotras nos mandan el otro año, marica, así funciona. —¡Qué gonorrea! ¡Agh! Qué mamera ponernos a hacer bazar o cualquier mierda de esas para recoger los centavos. Mientras tanto, en el Altamira, Julieth departía la corta hora de descanso con su nutrido grupo de amigos. Estaba sentada en el muslo de Uldabir, el ñero más grande y malo del colegio, que tenía las parietales rapadas y una cicatriz que le partía la ceja izquierda. La partición de la ceja derecha, se la había hecho él intencionalmente con una máquina de afeitar. Parecía una lechuza de edad avanzada. —Yo agarro a ese pirobo ...
    ... con la pate-cabra y le saco la tripa, neo —comentó Uldabir. Al tiempo de hablar, paseaba el pulgar por el prominente glúteo de Julieth, quien de vez en cuando le palmeaba la mano, disimulando reprobación, solo porque alguna profesora estaba viendo. Ella contestó: —¡No, pues! La próxima vez saco el celular y le marco mientras me violan ¡güevón! Mientras oía la respuesta, Uldabir inspeccionaba los alrededores cercanos con malas intenciones. —Venga, mi perri, y ¿cómo le hizo el man… ASÍ? Metió la mano bajo la escasa falda de Julieth y le apretó todo y al rededor del perineo. Julieth brincó y dio un pequeño grito. De inmediato, dejó salir la risa y retiró la mano de su hombre, actuando que lo reprendía con una palmada. Pero dicha actuación cesó y Julieth, emocionada, giró el cuerpo para ponerse de frente a Uldabir, envolver su cúbica cabeza con los brazos y juntar los labios. Se dieron un beso largo y “de lengüita”. La hambrienta mano de Uldabir volvió a merodear bajo el ruedo de la falda de Julieth, tocándole la delgada línea que divide las nalgas de las piernas. Ella solo volvió a pegarle en la mano, pero en contraste, lo besó con más pasión. Una profesora les gritó en tono jocoso, pero con la intención de avergonzarlos y detener su pornográfica escena: —¡Acuérdese Julieth: Sin condón ¡nada!! Ella brincó, lamiéndose los labios como si tuviera miel. Deslizó su índice por el pecho del Uldabir. Él, le respondió a la profesora: —No se ponga celosa, profe, que ¡pa’ usted también hay! ...
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