1. Oda a las alumnas del IED Altamira


    Fecha: 25/04/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Orlok82, Fuente: SexoSinTabues30

    ... Julieth propinó una cachetada de potencia moderada a Uldabir, para dominarlo luego con el índice erguido, y lo sentenció: —Uhy jueputa, ¡no sea atrevido Uldabir! ¡Usted se mete con otra y yo lo mando matar, que lo apuñalen por Gonorrea ¿oyó?! Justo después acordaron ir a matar ganas por la tarde.
    
    🅴l compromiso fue cumplido por Julieth y Uldabir tal y como lo pactaron. En casa del más malo de Altamira, este muchacho bonachón le rellenaba el útero a Julieth con sus juveniles y espesos fluidos. Ambos estaban con la piel sonrojada y sudando. Uldabir embestía las gloriosas nalgas de Julieth haciéndolas saltar como gelatina concentrada a cuya mesa le das una seguidilla de patadas. Por como estaban, puedes pensar que llevaban retozando una hora entera, por poco. Pero no, llevaban cinco cortos minutos. Los jóvenes no son muy buenos que digamos para disfrutar del sexo. Simplemente entraron a la estrecha habitación, tiraron sus morrales a los asietnos y Julieth se abalanzó sobre el monstruoso equipo de sonido que estaban pagando a cuotas con Codensa. Puso estridente reggaetón a un volumen demoledor. Mientras, Uldabir desenfundaba y le agarraba el bizcocho a Julieth con la mano en forma de pinza. También le empujaba el ano con el dedo por sobre el liso material negro de su cahcetero. Ella terminó de poner la música y se volteó con la intención única para mamar. Después de dos minutos de succionarle la mediana pija a Uldabir, puso el magnífico culo para su hombre. Uldabir intentó ...
    ... hacerle sexo anal, frotó su glande contra el apetitoso sifoncito de la quinceañera y quiso empujar, pero ella protestó: —¡No, marica, que eso debe doler como un hijueputa! —Pero ¡yo que saco con que usted tenga el mejor culo del barrio, mi perri, si no la puedo encular? Sabiendo que dándole largas a la discordia, ya no habría polvito, Uldabir se lo introdujo en su empapada vagina. Ya saben el resto. Uldabir gruñó y agarró a Julieth por la cintura, apretó más y tembló. —¡Marica, no! ¡sálgase! —pataleó Julieth. Odiaba que Uldabir o cualquier otro se le viniera adentro. Si de algo había servido la educación sexual, fue para que supieran que un embarazo se producía por echar el semen dentro. Todo lo demás era una cartilla con los derechos de cada uno de los 72 sexos. Luego vino el cacho de ganja, que se fumaron en medio de un concierto de tos y risa, una espesa nube de humo y más monótono reggaetón.
    
    Tocaron a la puerta. Uldabir se asomó balcón abajo, abanicando el pesado humo con la mano y reprimiendo la tos. Luego informó con entusiasmo: —Son sus amigas ¡marica! La Emma Marcela y la Mosquita. —Uhy ¿se le paró otra vez o qué? Cuida’o con eso-Uldabir! —Ay usted si se pasa de celosa, a lo bien. Pero sí, a Uldabir se le estaba parando otra vez, pues las tetas de Emma Marcela le encantaban y el culo grande y más o menos gordo de Mosquita lo ponía a cien. —Les voy a tirar la llave para que entren —anunció. —Póngase los pantalones, al menos. —Yo me tapo las güevas y usted se tapa esas ...
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