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Oda a las alumnas del IED Altamira
Fecha: 25/04/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Orlok82, Fuente: SexoSinTabues30
... puchecas ¿trato hecho? —propuso Uldabir, encuadrando los ojos y enfocando a Julieth, manifestando una súplica por que ella fuera menos mamona. —Y ¿yo por qué me voy a tapar las tetas? Mis amigas ya me las han visto harto. Y a usted ¿Ya le han visto las güevas o qué? Uldabir se acercó más a ella y le acarició la cara. Ella apartó la mano de él, que solamente dijo: —¿Por qué siempre se pone tan visajosa cuando lo hacemos? Las amigas de Julieth ingresaron. —Uhy, pero la próxima vez que vayan a hacer un incendio inviten —dijo Mosquita, sacudiendo la mano delante de su cara. Rato después, las muchachas le habían contado a Julieth acerca de su amarga necesidad de recaudar fondos. Las del San José renegaron otra vez y Julieth se burló, pero Uldabir emergió del baño, cayó sentado al lado de Julieth e hizo un comentario perentorio: —Yo sé cómo conseguir la plata. Todas lo miraron con naciente escepticismo, porque no esperaban que un hosco matón de barrio que solo servía para repartir puñal y verga, también pensara. —Hable a ver —exigió Mosquita. —Eso no se pongan a armar bazar ni miniteca ni-‘ni mierda’. Yo sé cómo consiguen toda la plata y más, en una noche. —¿Nos va a putiar? —preguntó Emma Marcela. —¡Noo! ¿Cuáles? Allí abajo en La Victoria. Con las del Panamericano. El Panamericano era otro colegio del sector, conocido desde hacía meses por cierta actividad. Julieth entendió sin más y dejó que la socarrona sonrisa le adornara media cara. Las otras, no entendían todavía, por lo ...
... que Uldabir añadió prestamente: —Camisetas mojadas, o concurso de tangas, marica. Hasta cien barras en dos horas. ¿Quién dijo miedo? Mosquita estaba tentada a reír y no lo disimulaba, y Emma Marcela tenía el ceño fruncido sin terminar de captarlo todo. —Que las convenza la experta… —Uldabir señaló a Julieth con la mano entera, y ella se puso de pie. Estaba vistiendo solo su cachetero de lycra negra brillante y camiseta holgada. Les mostró el culo a sus dos amigas, se palmeó sonoramente y dijo: —Miren todo esto. Yo he ganado dos veces. Uldabir también la palmeó hasta hacerle temblar la carne y se saboreó. Entonces comentó: —Yo no sé su papá como se aguanta, Julieth; teniéndola en la casa todos los días. Julieth ocultó su mirada en la mano y se quejó en voz baja: —¡Este man y sus comentarios tan boletas! —luego sacó la cara y, creyendo que lo avergonzaría, les contó a las otras—: ¡Este man se hace la paja imaginando que mi papá me come! Uldabir se mordió el labio inferior, se carcajeó, y se excitó un poco. —¿Cien mil pesos en dos horas? —preguntó Mosquita. —Tal cual —confirmó Uldabir, todavía riendo—, solo por bailar en tanga y con la camiseta mojada. Muestran esos teteros —las señaló— y ya, platica hecha. —Pero nosotras no estamos así de buenas como Julieth. Ante el patético comentario de Emma Marcela, Julieth se sentó en la orilla del asiento y negó con el índice delante de la cara de su amiga. —No, no-no, mami, no diga eso. Primero: Usted no es nada fea, pero pa’ ni-mierda. ...