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Concierto de Navidad
Fecha: 28/04/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos
... pausado, como una danza que habían ensayado toda la vida. Yo no podía hacer más que contemplarlas, sintiendo que era testigo de algo íntimo, sí, pero también abierto, generoso. Una escena que no excluía, sino que invitaba a participar con respeto y asombro. Marija se mantuvo inmóvil, serena, los ojos vendados, su respiración tranquila. Victoria rompió el momento con una sonrisa suave y se giró hacia mí. Extendió una mano con lentitud, la palma hacia arriba, invitándome. La tomé, y al levantarme, sentí la firmeza elegante de sus dedos rodeando los míos. Con un movimiento apenas perceptible, se acercó. Su cuerpo casi rozaba el mío, y su rostro se inclinó hasta quedar a unos centímetros del mío. Sentí el aliento cálido, el roce apenas insinuado de sus labios sobre los míos, sin llegar a tocarlos del todo. Una provocación consciente, medida, exacta. —Me encanta cuando alguien se deja sorprender —susurró. La tensión era dulce, electrizante. Su control, su forma de manejar el espacio entre nuestros cuerpos, me dejaba sin palabras. Era como si ella supiera de antemano cada uno de mis impulsos, cada centímetro de piel que podía encenderse con solo insinuarse. Volvió a mirarme a los ojos, sin romper la cercanía, y luego giró el rostro hacia Marija, que seguía esperando, como si lo que venía después ya estuviera escrito, pero solo en un lenguaje que apenas empezábamos a comprender. Con una ternura coreografiada, Victoria se acercó a ella y la ayudó a ponerse en ...
... pie. Sus dedos se deslizaron por los brazos de Marija, guiándola como si leyera en su piel una partitura conocida. Con voz suave, casi un susurro destinado tanto a mí como a ella, comenzó a hablar: —¿Sabes lo que vimos en él al comienzo de la noche? —dijo, sus palabras flotando en el aire—. Una mirada limpia, pero atenta. Como si escuchara incluso el silencio. Y esa forma de no decirlo todo, de contener algo que pide ser descubierto... Marija sonrió apenas, como si en medio de su ceguera voluntaria pudiera ver con claridad. Victoria la fue guiando con suavidad, paso a paso, hasta dejarla justo frente a mí. La colocó con una precisión delicada, sus manos deslizándose por los hombros de su amiga, alineándola con cuidado. —Siempre has sido de disfrutar con todos los sentidos —le dijo al oído—. Incluso cuando uno de ellos descansa. El momento se volvió quieto, expectante. Victoria apoyó las manos con dulzura sobre los hombros de Marija, y con una lentitud casi ceremonial, la inclinó hacia mí. Fue un gesto contenido, simbólico, cargado de una sensualidad elegante. La atmósfera no era explícita, pero sí profundamente corporal, tejida de gestos que hablaban sin nombrar. Me quedé allí, inmóvil, observando esa belleza contenida que temblaba en el aire como una cuerda tensada. Dos mujeres, dos energías distintas, tejiendo algo a mi alrededor. Y yo, en el centro, sin otra elección que rendirme al asombro. Marija se arrodilló ante mí, los ojos cubiertos por la seda, pero ...