-
Incesto y perversión (9) madre/hija
Fecha: 29/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
Incesto y perversión Capítulo 9 Lulú estaba en la casa, sola con su madre. Adriel se había ido temprano a la universidad y Mauricio se había ido directo a la oficina, como cada día. No tenía la menor idea, pero la ausencia de ambos hombres en la casa hará que pasen una tarde que, en otro momento, pensarían que es una locura. La chica estaba tirada en el sofá del living con la notebook sobre las piernas, los auriculares colgando del cuello, y el cuadernito de apuntes abierto sobre el apoyabrazos, lleno de garabatos, frases incompletas y dibujos pornográficos que hacía cuando se aburría. Intentaba concentrarse en los resúmenes para el ingreso a Psicología. Pero cada vez que leía una definición, una palabra cualquiera —“transferencia”, “impulso”, “reacción”—, el recuerdo le devolvía imágenes que no tenían nada que ver con Freud o Pavlov. Desde aquella salida con su papá —esa noche de tango, helado y copulación clandestina en la vereda—, algo se había roto. O más bien, algo se había soltado. Ya era casi imposible disimular. El clima entre todos era muy denso. La tensión en la casa era un gas invisible que flotaba y quemaba los pulmones. Si bien cada uno de los integrantes de la familia solo conocían parte de la verdad, la perversión de los Nilsen era casi evidente. Adriel y Virginia encontraban momentos para rozarse y decirse cosas al oído. Solo bastaba ver cómo se miraban para que cualquiera dedujera que ya habían cogido. Mauricio seguía con su rutina, pero ...
... tenía otra cara. Si bien lo atormentaba la culpa, la cogida que le propinó a la niña de sus ojos también había abierto algo en él. Y ella... ella misma, Lulú, se sentía como si algo dentro le vibrara todo el tiempo. Se sentía... disponible. Y cada vez que estaba cerca de su papá o su hermano, la tentación del placer incestuoso la embargaba de tal manera, que su bombacha se mojaba casi al instante. Habían pasado varios días desde esa noche de doble traición. No había vuelto a pasar nada tan pecaminoso, pero esto no se debía a que no se hubiera presentado oportunidad, sino a que cada uno parecía preferir el momento propicio para dar riendas sueltas a su lujuria prohibida. Todos estaban a la expectativa de cuando llegara ese momento único en donde el tiempo y la distancia jugaran a su favor. Lulú trataba de apartar esos recuerdos de su cabeza cuando escuchó el timbre. Un solo "ding", largo, como si quien hubiera tocado estuviera decidido a ser oído. Se incorporó con fastidio, dejando la notebook sobre la mesa ratona. Se acercó a la puerta y miró por el visor. Dos chicos, de su edad más o menos, con la pinta de haber venido directo de la cancha: remeras transpiradas, mochilas colgando y bicicletas apoyadas contra la reja. Uno era morocho, pelo cortito al ras, sonrisa canchera. El otro más pálido, flaco, con rulos despeinados y aire de inocente. —¿Quiénes son? —preguntó sin abrir, elevando apenas la voz. El morocho fue el que respondió, con tono seguro: —Somos ...