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Incesto y perversión (9) madre/hija
Fecha: 29/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... alumnos de Virginia. Venimos a dejarle un trabajo práctico. Lulú frunció el ceño. ¿Alumnos de su mamá yendo directamente a su casa para entregarle un trabajo práctico? Eso nunca había pasado. —¿Trabajo práctico? —preguntó, como esperando una respuesta más razonable. —Sí, de lengua —dijo el flacucho, algo más tímido. La chica apretó los labios. Había algo raro en todo eso. No era solo el motivo que esgrimían esos chicos. Había algo más, algo en su actitud. ¿Podía ser lascivia? A Lulú no le sorprendía la idea de que su madre despertara deseos sexuales en sus alumnos adolescentes. De hecho, era algo que daba por sentado, pues solía dar clases a alumnos de los últimos años, ya grandes. —Esperen un momento —dijo finalmente, y fue a buscarla. Fue a su dormitorio. Virginia a veces se recostaba en la cama a la hora de la siesta. —Ma —dijo, sin asomarse—. Hay unos chicos afuera. Dicen que son alumnos tuyos y que vienen a dejarte un trabajo. El silencio del otro lado fue breve, pero lo bastante largo como para levantar sospechas. Luego, la voz de Virginia respondió, forzadamente neutra: —Ah, sí. Ya me había olvidado. Deciles que pasen. Lulú frunció el ceño. No era la respuesta lo que le había llamado la atención, sino el tono. Además, su madre tardó en contestar, como si estuviera armando algo en su cabeza. Al rato salió, y lo que dijo después acrecentaron las sospechas de su hija de que estaba pasando algo raro. —Andá a tu cuarto un rato, por favor. ...
... Necesito hablar con ellos a solas. La chica se encogió de hombros. —Bueno, bueno... pero no tardes tanto. No me gusta estar encerrada en mi cuarto. Le abrió la puerta a esos chicos, quienes la miraron como si fuera un objeto. Le dijo que enseguida venía su mamá, y los dejó ahí. Mientras subía la escalera tuvo la certeza de que le estaban mirando el culo. Virginia se dirigió al living con paso lento. No era pereza. Era otra cosa. Cada paso que daba era como una cuenta regresiva en su cabeza. No había ningún trabajo práctico que debían dejarle. Y si quienes habían ido a su casa eran quienes sospechaba, ya ni siquiera eran sus alumnos. Su mente se disparó sola hacia aquel recuerdo que la había perseguido durante meses. Ese recuerdo que la hacía estremecer cada vez que lo evocaba, ese recuerdo que, de alguna manera, la había empujado un poco más a la perversión. Había sido un paso intermedio que dio, hasta por fin entregarse a su hijo. Fue aquel día, en la excursión al campo recreativo. Una salida escolar más. Una suplencia más. El colegio no era el suyo, solo estaba cubriendo a una colega durante un par de meses. Le habían dicho que eran alumnos algo revoltosos, pero buenos chicos. No tardó en notar que entre esos “buenos chicos” había un par con una mirada demasiado directa. Uno de ellos, Bauti, tenía la costumbre de quedarse viéndole las tetas mientras tomaba asistencia. El otro, Tomi, más callado, pero con la misma lascivia evidente de su amigo, la seguía ...