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Incesto y perversión (9) madre/hija
Fecha: 29/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... con los ojos cada vez que se agachaba o giraba el cuerpo. No era la primera vez que le pasaba algo así. Su físico había llamado la atención de alumnos desde que era profesora de secundaria. Pero esta vez había algo distinto, algo más atrevido, más sucio. Ese día, cerca del mediodía, se apartó del grupo para ir al baño. Había aguantado bastante, pero el mate de la mañana y la caminata bajo el sol la obligaron a buscar un lugar para orinar. El campo tenía varios sanitarios, pero el más cercano estaba ocupado, y con una larga fila. Así que decidió caminar hasta otro, más alejado, hacia el fondo del predio, aprovechando que la mayoría no parecía conocerlo. El trayecto era largo. Unos quinientos metros de camino de tierra, flanqueado por árboles finos, bancos de cemento y canchas vacías. A lo lejos, el bullicio de los alumnos ya era solo un murmullo lejano. Ella caminaba sola, disfrutando por un momento del silencio. El baño estaba impecable. Entró en el de mujeres, empujando la puerta con cuidado. Adentro, todo olía a desinfectante y eucalipto. Se sintió aliviada de encontrar un espacio limpio, fresco, sin gritos. Orinó y se limpió. Entonces escuchó un ruido. No le dio mucha importancia, aunque sí le molestó un poco salir de ese momento de aislamiento. Esos minutos solían ser un tesoro cuando se trabajaba con un montón de adolescentes. Salió del cubículo, para lavarse las manos, y ahí estaba. Bauti. Con la camiseta de fútbol pegada al torso por el sudor, el pelo ...
... húmedo, y ese brillo insolente en los ojos. —Este es el de mujeres —le dijo Virginia, notando algo diferente en la mirada del chico. La observaba con deseo, como siempre, pero había algo más—. El tuyo está al lado —agregó, comenzando a ponerse nerviosa. Pero él no pareció preocupado por saber que se había metido en el baño equivocado. Dio un paso más, sin dejar de mirarla, como si ni siquiera le importara que ella notara su excitación. —Ya sé —dijo simplemente. Virginia no respondió. Algo se le tensó por dentro. Sabía cómo cortar esas situaciones. Las había manejado antes. Pero esta vez le costaba reaccionar. Había algo en la actitud del chico que le removía algo. El descaro, la juventud, el cuerpo curtido por el deporte. Y, por sobre todo, el hecho de que no tenía miedo. —Eso no es gracioso —le dijo al fin—. Andate antes de que te sancione por desubicado. —¿Por esto? —preguntó él. Y sin esperar, dijo: —Eso no fue nada. Esto sí es desubicado. Y fue entonces que la agarró de la cintura con una seguridad que no se espera de un chico de diecisiete años. La fuerza de sus manos la sobresaltó. No por violenta, sino por resuelta. Ella reaccionó, claro. Lo empujó apenas, lo miró con los ojos bien abiertos. —Pará. Soltame —exigió. Pero no gritó. Ni usó el tono que hubiese usado con otro alumno. Y él lo notó. —Ya dejás la escuela la semana que viene, ¿no? —dijo el chico, haciendo oídos sordos a sus palabras—. Si no mequito las ganas de comerte la boca, me ...