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Incesto y perversión (9) madre/hija
Fecha: 29/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... voy a volver loco. —¿Qué decís? No… Virginia tragó saliva. El cuerpo le traicionaba. La cercanía de ese chico la alteraba. El olor a transpiración, a desodorante barato, a sol sobre la piel. Se le cruzaron imágenes. Pensamientos prohibidos. Escenarios que solo había explorado en fantasías. Ya había sido infiel varias veces, pero nunca se le había cruzado por la cabeza hacerlo con un alumno. Pero este chico le generaba algo. Era esa determinación con la que la abordaba. Sin embargo, sabía que debía resistirse. —Si hacés algo más, te vas a comer una sanción grave. Te pueden llegar a expulsar. —Si me expulsan por esto, te juro que vale la pena —dijo él. Y entonces la besó. Y ella, para su propia sorpresa, no lo impidió. Sus bocas se fundieron y sintió la lengua del adolescente moviéndose con fruición dentro de su boca. —Bueno, ya tuviste lo que querías —le dijo ella cuando terminaron de besarse. Pero notó que Bauti no se iba a detener, y supo por qué. Estaban en un lugar alejados del resto, y ella había concedido darle un beso. Ahora el chico quería más. Su temor no se hizo esperar. Su alumno la hizo girar. Así, sin que ella pudiera oponer demasiada resistencia. Quedó contra la pared de azulejos, fría, blanca. —Bauti, esperá. No podemos… —murmuró. Pero el chico bajó con violencia su pantalón. Un segundo después, el sonido seco de la tela cayendo al piso. Virginia sintió cómo se le comprimía el pecho. No solo por el miedo, sino por la ...
... excitación repentina que la dejó sin aire. Quedó con las manos apoyadas contra los azulejos. Podía sentir el frío de la pared en las palmas, pero lo que más sentía era el calor que le subía desde el vientre hasta el rostro, como si el cuerpo se le hubiese transformado en una antorcha. Los latidos del corazón le retumbaban en los oídos. El chico, detrás suyo, no decía nada. Solo respiraba con fuerza. Su cercanía era tan brutal que parecía que la estaba envolviendo en una ola de sudor y energía animal. Intentó moverse, pero el cuerpo no le respondía como debía. Era como si algo dentro de ella le estuviera pidiendo que no lo detuviera. Que dejara que las cosas siguieran su curso. El incentivo de romper con lo prohibido se estaba adueñando de su voluntad. —Qué buena que estás, profe —le dijo, llevando los dedos al elástico de su ropa interior—. No sabés las ganas que tenía de hacer esto —agregó, y terminó de bajársela, dejándole el culo al aire. Bauti deslizó las manos por su espalda. Las pasó lento, sin apuro, como si estuviera reconociéndola al tacto. Cuando llegó a sus caderas, las agarró fuerte, como tratando de inmovilizarla. Virginia sintió que ya estaba rendida, y que quizás ya se había rendido hace rato sin darse cuenta. No hizo ni dijo nada. Se dejó hacer. Con los ojos cerrados, la frente contra la pared, y la respiración contenida. Él murmuró algo al oído, palabras sucias que no tenían sentido gramatical, pero que le quemaron la piel como si fueran lava. Eran ...