1. Incesto y perversión (9) madre/hija


    Fecha: 29/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos

    ... frases de adolescente descarado, con un toque de violencia juguetona, y un desprecio que solo servía para encenderla más.
    
    Entonces sintió la verga del chico en sus muslos. El hecho de que le costara trabajo acomodarse y encontrar su hendidura, reflejaba su poca experiencia. Pero cuando por fin sintió esa cosa dura entrando a su sexo, no le importó. El muchacho le hundió la verga por completo. Virginia se apretó aún más a la pared y largó un gemido.
    
    Entonces Bauti empezó a enterrarle la verga una y otra vez, con una energía salvaje. Ella sintió cómo su cuerpo reaccionaba a cada empuje, cómo los músculos se le tensaban y se le relajaban como si estuviera atravesando un terremoto íntimo. Y aunque su mente intentaba mantenerse en control, su boca ya no le respondía. Los gemidos se escapaban sin que ella pudiera hacer nada, y encima, dentro de ese baño, el eco rebotaba y volvía a sus oídos.
    
    Sabía lo imprudente que estaba siendo. Cualquiera de los chicos o profesores podrían ir a ese baño, al no poder usar los otros. Bastaba con que preguntaran a alguien del campo, en dónde había otro baño para adentrarse en ese medio kilómetro hasta llegar a ellos y descubrir que tenía los pantalones bajos, con su enrome culo al aire, mientras era sometida por uno de sus alumnos. Y, sin embargo, ahí estaba, con las piernas tan separadas como podía, el culo en pompa, las manos sobre la pared para sostenerse, recibiendo las embestidas de ese adolescente que se la estaba cogiendo de parado ...
    ... mientras le propinaba frases denigrantes que a ella no la inmutaban.
    
    —Acá tenés, puta. Esto es lo que querías, ¿no? Yo ya lo sabía. Por la manera en que movías el orto en clase, ya te había sacado la ficha. Esto te gusta, ¿no? Decilo. Decí que te gusta que tu alumno te coja en un baño público.
    
    —Sí, me gusta —jadeó ella.
    
    Fue entonces cuando escuchó la puerta abrirse otra vez. Giró el rostro y ahí lo vio: el otro.
    
    El chico flaco, el que siempre la miraba desde lejos. Tomás. Estaba parado ahí, en el umbral, con los ojos desorbitados y la boca entreabierta. Bauti también lo vio, pero no pareció sorprendido.
    
    —Te dije que hagas campana, boludo —le dijo—. Después te la cogés vos. Dale.
    
    Ahí Virginia entendió que desde un principio habían tenido un cómplice. Las palabras del chico que la estaba penetrando, por algún motivo, no la sorprendieron. De hecho, le alivió saber que alguien había estado vigilando para avisarles si venía algún intruso. Pero a su vez comprendía que se iba a tener que entregar a ese otro alumno suyo.
    
    —¿En serio? —preguntó el otro.
    
    —Sí, ¿no ves lo regalada que está? —dijo Bauti.
    
    Bautista no tardó mucho, lo cual era lo mejor. Para sorpresa de Virginia, cuando estuvo a punto de eyacular, agarró una de sus manos, y largó el semen en ella. Jamás ningún hombre había acabado en su mano.
    
    Virginia se lavó, dejando que el semen se perdiera lentamente, hasta que entró el segundo adolescente que iba a cogerla. Sintió un extraño placer al darse ...
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