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Incesto y perversión (9) madre/hija
Fecha: 29/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... vieron por primera vez lo que era un orgasmo femenino, y se sorprendieron de lo intenso que eran. Sintieron en sus propios cuerpos los músculos tensados de las chicas, la humedad en la entrepierna, los gemidos convertidos en largos gritos. Luego, mientras ellas aún estaban con la respiración agitada, recuperándose de placer, ambos acabaron. Lulú se separó de su amante y recibió su esencia en los muslos. Virginia, en cambio, lo recibió en su ombligo. Apenas pudieron limpiarse con papel cuando los chicos quisieron ir por la tercera. —Bueno, ahora cambiamos, ¿no? —preguntó Tomás. —Obvio, yo no pienso irme sin cogerme a esa putita. ¿Cómo te llamás? —le preguntó a Lulú. —Lourdes —respondió ella—. Me dicen Lulú. A ninguna de las dos mujeres les molestó la forma en que se dirigían a ellas. Como si sus opiniones no importaran. Más bien se quedaron ahí, esperando que ellos comenzaran de nuevo. Bauti fue en busca de la chica. La llevó al sofá donde se acababa de coger a su madre, y la giró con delicadeza, como quien acomoda una escultura valiosa, dejándola boca abajo. Ella apoyó las manos en el sofá y levantó un poco el culo. Él se colocó detrás. La contempló. Su espalda, su cintura finita, las curvas perfectas que se ofrecían sin culpa. Lulú cerró los ojos y suspiró. Cuando sintió la verga invadiéndola, el aire le escapó del cuerpo como un susurro. A pocos centímetros, en el sillón individual, Virginia también había sido girada. Ella se acomodó de rodillas ...
... sobre el asiento, apoyando los brazos en el respaldo. Su impresionante culo expuesto. El chico se acomodó detrás. Demoró un poco en encontrar la forma en penetrarla. Pero cuando lo hizo, su exprofesora solo sintió placer. Ahí estaban los dos, cumpliendo el sueño de muchos hombres. Tanto Virginia como Lulú sabían muy bien que muchos tipos no solo las deseaban de forma individual, sino que las imaginaban juntas en una situación sexual. Justo como estaban ahora. Ambas se potenciaban. Unidas eran el culmen de las sueños eróticos masculinos. Y Tomás y Bautista lo habían conseguido solo por ser descarados y decididos. Después de unos minutos, las embestidas fueron más intensas. Se escuchaba el sonido rítmico, se sentía el olor a sexo, y se sentían los genitales húmedos en constante fricción. Virginia se apoyó con los antebrazos y arqueó más la espalda. Sentía cómo cada embestida le recorría la columna. Sus tetas colgaban bajo ella, pesadas, tensas, rozando la cuerina en cada vaivén. Tomás le sujetaba la cintura con las dos manos, y le hundía la pija hasta que sus bolas chocaban con el orto de la MILF. Lulú, mientras tanto, dejaba caer la cabeza hacia adelante. El cabello le caía como una cortina dorada, tapándole el rostro. Sus nalgas se elevaban, recibiendo la verga de Bautista como si lo guiara. En un momento, giró apenas el cuello y observó a su madre. Se cruzaron las miradas, sudadas, cómplices, y se sonrieron con una mezcla de desafío y perversión, como si se ...