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Incesto y perversión (9) madre/hija
Fecha: 29/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... dijeran mutuamente, no me juzgues, sos igual de puta que yo. Las dos respiraban al unísono. Las embestidas eran profundas, pesadas. El sonido de los cuerpos llenaba el espacio, acompasado, como una música subterránea. El living, con sus cortinas cerradas, parecía otro lugar. Las luces tenues, el aire cargado, el olor a piel y deseo, transformaban todo. No quedaba nada del orden doméstico. Solo los cuerpos encastrados, jadeantes. Virginia dejó que su cuerpo se rindiera. Apoyó la frente contra su antebrazo, cerró los ojos, y dejó escapar un sonido contenido. No fue un grito. Fue un suspiro roto, sucio, como el que se escapa cuando todo el cuerpo vibra desde adentro. Al mismo tiempo, Bauti embestía sobre Lulú. Apoyaba los brazos en sus caderas, observándola desde arriba. Ella miraba al frente, la boca entreabierta, el pelo revuelto Los constantes movimientos de Bautista hizo que el sofá de moviera de su lugar, acercándolos aún más a ese otro sofá donde estaban cogiendo los otros. Y entonces ocurrió eso. Un detalle. Un gesto que ninguno de los chicos entendió del todo. Pero que para ellas fue como cerrar un círculo invisible. Virginia estiró una mano hacia el costado. Lulú hizo lo mismo. Los dedos se rozaron. Luego se entrelazaron, con naturalidad. Como si lo hubieran hecho antes. Como si fuera parte del acto. Madre e hija. Desnudas, poseídas, unidas. Pero luego, sin más dudas, se entrelazaron. Suaves. Firmes. Con una calma que contrastaba con todo lo ...
... que ocurría alrededor. Madre e hija unidas mientras eran penetradas. No se miraron. No hablaron. No fue necesario. En ese apretón había algo que no se podía explicar con palabras. Una aceptación tácita. Una entrega compartida. Mientras sus cuerpos eran poseídos por otros, ese contacto íntimo y ajeno a los varones que las tomaban parecía decir: “En esta estamos juntas”. El ritmo de los chicos seguía, frenético. La piel contra la piel. El jadeo y la fricción. Unos minutos después ambas recibieron una nueva descarga de semen. —Podríamos quedarnos un rato más —comentó Bauti. Ya habían comenzado a recoger sus ropas, aunque ellas seguían desnudas sobre los sofás, cosa que lo instó a hacer ese comentario. —Mi hermano ya vuelve enseguida. Y si los ve acá, los mata. Y ni hablemos de mi papá —dijo Lulú. Ellos no parecieron intimidados, pero sí entendieron que la fiesta había terminado. Recogieron sus ropas, a pesar de que ellas siguieron ahí, desnudas. Cuando por fin las dejaron, Virginia se levantó. Sintió las piernas muy cansadas. Se inclinó frente a su hija, que estaba recostada en el sofá de tres cuerpos. Le acarició el cabello con una ternura que no había mostrado hacía mucho. —Este va a ser nuestro secreto —dijo. Ambas sabían que Virginia era la que tenía mucho más que perder. Pero aún así Lulú asintió. Igual le gustaba tener secretos. Como los que tenía con su papá y su hermano. Continuará Los capítulos diez y once de esta serie ya están ...