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Elena, y una peli (parte 1)
Fecha: 03/05/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: LauJo, Fuente: CuentoRelatos
... despertarla, José la quedó mirando. Eso le permitió observarla con detenimiento sin que ella se percatara. -Para su edad está buena, dijo después darle un buen repaso y comprobar que la naturaleza le había dotado de un buen lomo. En ese momento fue cuando realmente José empezó a verla como mujer ya que hasta entonces Elena era una más de mis amigas, pero ese día José notó que esa ingenua mujer era dueña de un cuerpo atractivo para cualquier hombre. La confirmación de todo ello vino cuando habiéndola despertado, entramos al restaurante y unos hombres presentes en el local nos quedaron mirando embobados nuestros culos, mientras José los miraba y escuchaba lo que comentaban de nosotras. Ella que ni se había fijado en las miradas que nos echaban, proseguí diciendo: -¡Te están comiendo con los ojos esos tipos! Al mirar hacía ese lugar y comprobar mis palabras, se puso tensa y totalmente colorada, me rogó que me pusiera de modo que tapara a esa tropa de salidos. Cómo es normal, obedecí y colocándome de frente a ella, llamé al camarero y pedí nuestras consumiciones. Mientras nos las traía, Elena seguía muy dura y se mantenía con la cabeza gacha como si eso evitara que nos siguieran mirando. Mientras José se reía y le decía a cuál elegiría. Esa actitud, ratificó punto por punto su timidez. Alucinado porque esa mujer hubiese malinterpretado la situación, me tomé unos segundos antes de contestar: -¿Eres tonta o qué? Le digo. No te das cuenta que nos están mirando ...
... porque los calentamos con nuestras piernas al aire. Mi respuesta la descolocó. Fue entonces cuando asumiendo que necesitaba que alguien le abriera los ojos y sin recapacitar sobre las consecuencias, contesté: -La gran mayoría de las mujeres desearían que las miraran así. Esos tipos te están devorando con los ojos porque seguramente ninguna de sus esposas tiene unas tetas y un culo como el tuyo. La firmeza con la que hablé le hizo quedarse pensando y tras unos instantes de confusión, sonriendo me contestó: -Gracias, pero no te creo que sea para tanto. José le toma la mano y le dice: -No te ha mentido. Si no fueras amiga de Lau, intentaría yo levantarte un día. En ese preciso momento esa mujer, que sin percatarse que bajo su vestido involuntariamente sus pezones se le habían puesto duros. El tamaño de esos dos bultos fue tal que José no pudo disimular quedarse embobado mientras pensaba: -¡No me puedo creer que nunca me hubiese fijado en sus tetas! Ni en ella. Fue el mozo quien rompiera el silencio que se había instalado entre nosotros al traer la cuenta. Todos agradecimos su interrupción, ella porque estaba alucinada por el calor con el que la miraba José y yo por el descubrimiento que Elena era una mujer a la cual había que descubrir. Al terminar ninguno comentó nada y hablando de temas insustanciales, nos montamos en el coche sin ser enteramente conscientes que esa breve parada había cambiado algo entre nosotros. Mientras manejaba a José se le ...