1. Wila


    Fecha: 17/05/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Esquiva, Fuente: CuentoRelatos

    ... volutas de humo, las volutas encerraban paisajes costeros, navíos piratas, un enorme cofre lleno de habanos, un atardecer marino, bosquejé un logotipo que abarcaría toda la puerta y le puse un nombre al negocio: El Bucanero. Tabaquería.
    
    -¡Ofrézcome! ¡Eso sí está precioso!
    
    -Necesitaría una computadora para hacerlo bien.
    
    -Mira, hay un cibercafé aquí cerca, alquilamos una y ya…
    
    Yani se puso de pie y no tuve más remedio que seguirla. Me llevó casi dos horas diseñar en freehand y después imprimimos varias copias.
    
    -Mira, esto está genial, muchacha, ya mismo se la voy a enseñar a ese hombre. Le va a encantar.
    
    -¿No sería mejor que hiciéramos un diseño alternativo? A lo mejor no le gusta y…
    
    -No, no, no… le va a gustar, te lo aseguro. ¿Tú puedes empezar a trabajar mañana mismo? Mira, si me ayudas a pintar el resto… vamos a medias ¿te parece?
    
    Su entusiasmo me cohibía un poco, pero acepté, más por necesidad que por codicia.
    
    -Mira, prepara tu ropa de trabajo, si yo no voy por tu casa a avisarte nada, nos encontramos mañana a las ocho en el local. ¿Tienes dinero para volver?
    
    En mi mochila quedaban algo así como cincuenta pesos.
    
    Esa noche dormí mal. La vitalidad de los ojos de Yani se me había metido en alguna parte de la conciencia. Sentía que la conocía de toda una vida. Me sentí rara.
    
    Como esa tarde y en la noche no apareció, al otro día, con los ojos legañosos, bostezando como si hubiera pasado una noche deliciosa, fui hacia el local. Me senté en ...
    ... el bulevar central de la avenida a ver el tránsito enloquecido de la Churchill a esa hora. Yani llegó antes de las nueve, en una camioneta de acarreo. Traía tres cajones llenos de latas de pintura, una escalera, paquetes de periódicos viejos y una caja de pinceles y herramientas que el chofer nos ayudó a descargar. Comencé a trabajar de inmediato en la vidriera. El lugar se llenó de un insoportable olor a pintura y a solvente.
    
    Yani improvisó una mascarilla con un pañuelo y su aspecto era el de una asaltante de diligencias del lejano Oeste. Me dio mucha risa la ocurrencia, pero la imité. Comimos una porción de pizza al mediodía y trabajamos hasta casi las ocho de la noche. Yo misma ignoraba la capacidad de trabajo que Yanis tenía, sobre todo porque de lo poco que la conocía siempre la había visto sentada frente a su PC, impecable en su trajecito de secretaria que cambiaba de color cada semana.
    
    Ella era apenas un poco más negra que yo, usaba el pelo suelto hasta los hombros, era un poco más rellenita, de caderas redondas y senos bien formados. A mí en cambio me molestaba ir al salón constantemente, también por el costo que insumía, de manera que me gustaba usar el pelo corto, me lo peinaba con mucho gel y rara vez me ponía gorros. Yani se había improvisado uno con una bolsita de polietileno. Al día siguiente completé la pintura del diseño de la vidriera. Me quedaba el logo de la puerta y un juego de flechitas superpuestas de colores que cubrían por completo la parte de ...
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