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Amor prohibido, seducida por un guardaespaldas
Fecha: 30/05/2026, Categorías: Confesiones Autor: MaipuCL, Fuente: CuentoRelatos
... abrió mis piernas y me penetró suavemente al saber que su verga era grande y mi sexo pequeñito, pero que se fue acentuando al pasar los minutos, mi vagina se fue ensanchando y después de ya aceptarlo por completo, me dice, “¿Así querías que te cogiera?”, me preguntó después del desgarrador primer gemido que salió de mi boca al sentir cómo abría mis paredes vaginales con su gran trozo de carne. Mi guardaespaldas me culeó tan duro en posición misionero, que sentía cómo derramaba lágrimas de placer, mientras acariciaba su pelo, besaba su cuello y clavaba mis uñas en su espalda. “Levántate, ahora te quiero en cuatro”, me ordenó. Esa fue la posición de mi delirio. De esta manera lo pude sentir tan profundo que me obsequió tres orgasmos y el mejor de los regalos, una acabada entre gruñidos de placer y semen calientito… delicioso dentro de mi vagina estrecha. “Podría hacer eso todos los días y no me cansaría”, afirmó después de bajarse de mí y descansar a mi lado besando mi espalda. Tengo que confesar que acabé muchas veces, era un manjar de los dioses. Lo hicimos en todas las poses, y la que más me satisfacía era yo encima de ese gran trozo de carne, ya que me hacía gozar demasiado y acabar varias veces. Como lo mencioné anteriormente, tengo un buen culo y apetitosos pechos los cuales saboreaba y se los comía, apretándolas con sus grandes manos, y con esas mismas manos me recorría todo mi cuerpo, yo bajita, y ...
... él, ese enorme macho, me cubría todo mi pequeño cuerpo, a lo cual me sentía dichosa. Hicimos de todo, éramos unos amantes desencadenados. Fueron buenas y arriesgadas escapadas, algunas, en realidad pocas noches me quedaba afuera con él. Donde aprovechábamos el momento y teníamos sexo toda la noche. Nunca me imaginé tener un macho alfa, con grandes dotes. Recorrimos moteles, descubrí el llamado “champañazo” en donde me vierte una botella de champan sobre mi cuerpo, desde mi cabeza y mi macho besándome y lamiéndome desde mi norte hasta mi sur, nos juntamos dos llamas ardientes. Por otra parte, mi esposo llegaba los viernes y regresaba a trabajar a la capital los domingos, pero esos fines de semana cuando él me penetraba siempre él notaba que mi vagina estaba demasiado dilatada. Eso lo hizo dudar en más de una ocasión. Creo que pensaba… ¿Acaso tiene un hombre con un miembro así de grande? Tal vez solo era otra de sus paranoias. Pensar en eso lo ponía como loco y que esas ideas tan peligrosas hubieran invadido su mente… Y así fue, porque durante todo un año mi satisfacción y mis deseos con mi guardaespaldas, fueron en su cama, la cocina, su habitación, el garaje y cada rincón de su casa fueron testigos de nuestras memorables culiadas clandestinas. Hasta el día de hoy nadie conocía mi historia con mi guardaespaldas… hasta ahora. Lo hice y no me arrepiento, y finalizo diciendo: ¿por qué yo no?, ¿y ellos sí?