1. Compañeros - Capítulo 22: La que te debía


    Fecha: 09/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... juntos, hombro contra hombro en la cama angosta. Afuera, la noche madrileña estaba tranquila, y solo se escuchaba en la habitación el zumbido lejano de la neverita y sus propios latidos calmándose.
    
    Tras un rato, Miguel deslizó la mirada por el cuerpo de su amigo a su lado. Observó su pecho amplio subir y bajar, perlado de sudor y con regueros de semen que le cruzaban un pezón y el vientre. Su propia mano y abdomen estaban manchados también de la corrida de Luis, pegajosa y tibia. La escena era un desastre delicioso.
    
    Con la yema de un dedo, Miguel trazó una línea por la mezcla de fluidos que goteaba del torso de Luis. Este se estremeció por la sensibilidad post-orgásmica, contrayendo los abdominales.
    
    —¿Qué haces? —preguntó en un susurro con ojos entrecerrados.
    
    Miguel se encogió de hombros con media sonrisa—. Admirando el desorden que armaste —dijo divertido, mostrando su dedo pringoso de semen.
    
    Luis soltó una risa perezosa—. Qué asco das… —murmuró, aunque en realidad la visión le resultó hasta erótica de algún modo.
    
    Miguel rió y se limpió el dedo en la propia barriga. Luego, apoyando una mano en el colchón, se incorporó un poco—. Creo que necesitamos una ducha, ¿no te parece?
    
    Luis hizo una mueca exagerada de cansancio—. Ufff, sí… pero no sé si puedo andar.
    
    —¡Anda ya, drama queen! —se burló Miguel, dándole un empujoncito cariñoso—. Va, que mañana hay que madrugar para el viaje y estamos hechos unos zorros.
    
    Luis gruñó algo ininteligible, pero asintió. ...
    ... Con movimientos torpes, ambos se levantaron de la cama. Luis titubeó al ponerse en pie; efectivamente, las piernas le temblaban y un latido sordo en sus entrañas le recordó la “faena” recién hecha.
    
    —Hostia… —se quejó en broma, llevándose instintivamente una mano atrás—. Definitivamente mañana me acordaré de ti cada vez que me siente.
    
    Miguel soltó una carcajada, recordando que esas fueron exactamente sus palabras meses atrás—. Touché. Ahora sabes lo que se siente.
    
    Luis sonrió medio adolorido—. No te voy a mentir: me has matado… —Admitió con una risita.
    
    Miguel se acercó y, en un arranque de ternura, apartó un rizo sudado de la frente de su amigo y le dio un beso suave en la sien—. Pero te ha gustado, ¿a que sí? —susurró.
    
    Luis cerró los ojos un segundo, apoyando la frente en el hombro de Miguel—. Mucho… —dijo simplemente. Luego lo miró a los ojos—. Estamos bien, ¿no? —Había un destello de vulnerabilidad en la pregunta.
    
    Miguel sintió un cálido apretón en el pecho. Puso su mano en la nuca de Luis y la restregó allí en un gesto de camaradería—. Estamos mejor que nunca, diría yo.
    
    Intercambiaron una sonrisa cómplice. No había espacio para la culpa ni la vergüenza entre ellos. Lo que habían hecho, hecho estaba… y lo habían gozado.
    
    —Bueno, colega —dijo Luis al cabo, respirando hondo—. Vámonos a la ducha rápido, que apestamos a tigre los dos.
    
    Miguel rio y caminó con él hacia el baño. Solo entonces notó el leve escozor en ciertos lugares de su espalda—. Tú más ...
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