1. Compañeros - Capítulo 22: La que te debía


    Fecha: 09/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... que yo —le chinchó, oliéndose un sobaco con exageración—. Sudado y todo pringoso.
    
    Luis se olió también y puso cara de asco cómica, restregándose la nuca—. Puaj, confirmo.
    
    Entre risas suaves, entraron en el baño estrecho y se metieron bajo el agua tibia. La ducha fue breve y relajante: se enjabonaron la espalda el uno al otro sin ninguna tensión, comentando alguna tontería trivial como el agua tardía en calentar.
    
    Salieron refrescados y agotados. Se pusieron lo primero que pillaron para dormir: Miguel unos calzoncillos limpios, Luis su pantalón de pijama suelto sin molestarse en la camiseta. Después de ventilar un poco la habitación (el hedor a sexo era potente), apagaron la luz y cayeron rendidos cada uno en su cama.
    
    —Buenas noches, cabrón —murmuró Luis en la oscuridad con afecto bromista.
    
    —Buenas noches, fenómeno —devolvió Miguel riendo entre dientes.
    
    A los pocos minutos, ambos estaban profundamente dormidos.
    
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    —¿Has metido los condones? —preguntó Jordi desde el asiento delantero del coche, girándose a medias hacia atrás.
    
    —Sí, pesado —bufó Arnau al volante, sin apartar la vista de la carretera—. En la mochila roja hay un paquete nuevo entero, por si acaso.
    
    —¿Y la hierba? —inquirió Luis, acomodado en el asiento trasero izquierdo.
    
    —Eso lo trae Jordi en la riñonera, fijo —respondió Miguel, que iba en medio.
    
    Jordi sonrió, palmeando la pequeña bolsa cruzada en su pecho—. ¿Tú qué crees? Aquí hay costo para enterrar a un elefante, ...
    ... hermanos.
    
    Los cuatro rieron. Eran las 11 de la mañana del viernes y el viejo Ford de Arnau devoraba kilómetros por la autopista camino a la costa. Habían salido de Madrid con tiempo, evitando el atasco fuerte del puente madrileño. La música trap sonaba a bajo volumen y en el maletero cargaban con lo esencial: mochilas, bolsas con comida, botellas de alcohol variadas, y hasta una paellera que Arnau había insistido en llevar “porque a saber qué menaje tiene la casa ahora”.
    
    Miguel iba ligeramente recostado, los ojos ocultos tras gafas de sol. No había pegado ojo hasta tarde la noche anterior —por buenas razones— y ahora acusaba un poco el cansancio. Aun así, no podía borrar la sonrisa de su cara. De vez en cuando, sus ojos encontraban a Luis, sentado a su lado mirando memes en el móvil, y ambos sonreían fugazmente, compartiendo un secreto silencioso entre el rumor de la música.
    
    El trayecto fue el aperitivo de lo que prometía ser un fin de semana de risas: Jordi y Arnau no pararon de soltar coñas, Luis se animó a cantar desafinado cada tema que sonaba y Miguel, cuando no cabeceaba de modorra, se unía a la fiesta con comentarios ingeniosos. En unas tres horas llegaron a su destino: una casita de veraneo propiedad de la familia de Arnau, situada en la costa catalana, a pocos minutos andando de la playa.
    
    —Tío, esto es el paraíso —dijo Miguel maravillado al bajar del coche y estirar las piernas. El aire olía a sal y pinos. La casa, modesta pero acogedora, tenía paredes blancas ...
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