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Obedecí las órdenes de un lector (3)
Fecha: 09/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Livida, Fuente: TodoRelatos
... Iba a pensar en un último reto, sentenció. Y me ordenó que me estuviese “calladita” mientas tanto. Eso fue demasiado. Estaba nerviosa, mi alumno no tardaría en llegar e iba a ser yo quien ostentase la autoridad durante la clase, así que no estaba para que me mandasen callar. Además, claro que parece sencillo cuando no eres tú quien va a trabajar con tan solo dos prendas separándote de la completa desnudez, le confronté indignada. Mala idea. Me hizo saber, sin vacilación, que no soy quién para hablar a mi amo de esa manera, así que como castigo ya me podía quitar las bragas y meterlas, otra vez, en mi boca. “A ver si tapándotela dejas de protestar tanto”, añadió riendo. Lo llevaba claro si creía que me rendiría de una forma tan patética. Ceder ante tal demanda sería casi como otorgarle plenos poderes sobre mí y… precisamente aquella idea me pareció tan excitante que enseguida se impuso a mi enfado. Así que sí… su risa y sus humillantes correctivos volvieron a apoderarse de mi voluntad. Me levanté de la silla, me bajé los pantalones y las bragas, las estrujé con la mano y me las metí en la boca antes de volver a sentarme desnuda de cintura para abajo ante el ordenador. Así me mantuve esperando varios minutos a su respuesta, mientras la tela de mi ropa interior iba absorbiendo mi saliva poco a poco. En lo único en lo que era capaz de pensar era en que me callaría y haría lo que me dijera. No lo podía creer, pero me había hecho desear el sentirme una buena chica. ...
... Hasta ese punto me tenía dominada… “¿Dónde están tus bragas?”, quiso saber después de darme permiso para hablar. “En mi boca”, admití. Una risa aún más larga cruzó su primer mensaje de un lado a otro de la pantalla haciendo que me mojara todavía más. “Bien, zorrita, pero se me ha ocurrido un mejor sito donde ponerlas”. Su última ocurrencia era la siguiente: tendría que pegarlas a la parte inferior de la mesa donde diese la clase, y que permaneciesen ahí durante la presencia de mi alumno. Qué cabrón, pensé, pero desde luego no estaba en posición de volver a discutirle, así que cogí cinta adhesiva y, de mi boca, mis bragas fueron a parar a la cara oculta de la mesa del salón. Me puse la vestimenta pautada y al verme me sentí un poco zorra, para qué negarlo… Esperé a mi alumno tratando de pensar en otra cosa sin demasiado éxito. Por lo menos, conseguí convencerme a mí misma de que no tenía de qué preocuparme. Al verme descalza y con tan poca ropa mi alumno probablemente pensaría que tenía calor. De hecho, así era. Además, ¿por qué iba a mirar nadie debajo de la mesa? Realmente estaba siendo tan profesional como cualquier otro día. El timbre me puso de pie de un salto. Tras abrirle la puerta me miró de arriba a abajo algo extrañado, pero por suerte no hizo ningún comentario, no tenemos esa clase de confianza. Una vez empezó la clase, casi consigo olvidarme de mis pies desnudos y de la ausencia de mi ropa interior, y él tampoco se mostraba diferente. Sin embargo, ahora eran ...