1. Obedecí las órdenes de un lector (3)


    Fecha: 09/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Livida, Fuente: TodoRelatos

    ... Supongo que ahora sí lo soy…
    
    Hacía mucho de la última vez que me lo rasuraba, así que lo hice con todo el cuidado que pude. Aun así, no puede evitar que se me irritara un poco la piel. Al terminar, me miraba al espejo y no me reconocía. Por suerte, el vello de mis axilas resistía y, si él no me preguntaba por él, yo no iba a decirle nada tampoco.
    
    En fin, que sí, que la “perrita feminista”, como él insistió en volver llamarme, se había quedado con el coño al descubierto. Él lo celebró, por supuesto, pero me advirtió que su pequeño juego no había hecho más que empezar.
    
    Lo siguiente que tendría que hacer es quitarme toda la ropa, pero me acaba de duchar así que ya estaba desnuda, por lo que pasé directamente a arrodillarme en el suelo, su siguiente orden. Nunca en la vida me había sentido tan dispuesta a obedecer, tragaba saliva imaginando lo que me mandaría hacer a continuación y enseguida empecé a tocarme. Él no tardó en detenerme, antes de nada, tenía que “educarme”. No podía ser que insistiese en no llamarle amo y que no acabase de aceptar mi posición de sumisa, así que si quería seguir aquella conversación tendría admitir algunas cosas... La poca dignidad que me quedaba quiso disuadirme, pero desnuda y arrodillada como estaba no tardaría en sucumbir a su deseo de que me entregase por completo. “Sí, amo, soy una zorrita”, concedí. “¿La zorrita de quién?”, preguntó el muy cabrón de vuelta. “Tú zorrita”, admití absolutamente sometida.
    
    A su risa de rigor la siguió ...
    ... una pregunta inesperada. “¿Será que te alcanzas tus pezones con la boca?” Después de describirle mis tetas con suma precisión y sentirme, si cabe, aún más desnuda, procedí a cumplir su siguiente capricho. Me vencí hacia delante y, a duras penas, conseguí succionar uno de mis pezones con la boca. Aprovechó mi humillante posición para interrogarme sobre qué creía que dirían de mi mis amigas feministas si me viesen así ante él. Tan cachonda como estaba le dije exactamente lo que quería escuchar, aunque quizá era lo que yo misma disfrutaba de imaginar. “No me reconocerían, amo, se avergonzarían de verme humillada y completamente domada por un hombre”.
    
    Mi esforzada respuesta pareció gustarle. “Jajaja, ese es tu lugar ante mí. ¿Te queda claro?”. “Sí, amo, desnuda y a tus pies. Ese es mi lugar”, contesté desde el suelo más entregada que nunca. Aprovechó entonces para citar alguna frase de mi último relato para hacerme ver el grave contraste entre ambas situaciones. “¿Recuerdas lo guerrera que fuiste? Y mírate ahora, zorrita. Deberías disculparte por la actitud que tuviste”. “Me disculpo ante ti, amo, no debí hablarte de ese modo”, respondí renunciando a aquella parte de mí que había conseguido resistir en algún momento.
    
    Borracho de poder, su siguiente orden fue la siguiente. Quería que, además de mis pies y mis rodillas, apoyase también mi frente y mis manos en el suelo y que mantuviese esa posición hasta nuevo aviso. “Sí, amo, esperaré”, contesté obediente. Así estuve un rato, ...
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