1. Un don caido del cielo. Capítulo 1 El inicio


    Fecha: 15/06/2026, Categorías: Control Mental, Autor: Casado Curioso, Fuente: TodoRelatos

    ... Joder…
    
    —Marta: ¿Qué es eso? - Su voz es un susurro tenso.
    
    —Alex: Hay que irse. Ya. ¡Rufo! - Mi grito se pierde en el silencio opresivo.
    
    Lo busco con la mirada. Está en lo alto de una pequeña loma, a unos cien metros, persiguiendo estúpidamente una mariposa.
    
    —Alex: ¡RUFO, VEN AQUÍ, JODER!
    
    No me hace ni puto caso. Sin pensarlo dos veces, echo a correr por el sendero, con el corazón martilleándome en el pecho al ritmo de los relámpagos mudos que ahora iluminan la escena con destellos intermitentes.
    
    Qué casualidad. Siempre que hay prisa, el puto perro decide que le apetece explorar el fin del mundo.
    
    La carrera es un esfuerzo inútil. El aire se ha vuelto eléctrico, me eriza el vello de los brazos. Rufo, por fin, se detiene y me mira, ladeando la cabeza, ajeno a la extraña amenaza que se cierne sobre nosotros. Estoy a solo unos metros, extendiendo la mano con la correa. Justo cuando mis dedos rozan su collar, el mundo se vuelve blanco. No hay dolor, ni siquiera un sonido. Solo una luz cegadora que lo borra todo y un silencio abrumador que me engulle.
    
    Un pitido. Rítmico, insistente. Es lo primero que registro. Luego, un olor aséptico, a limpio de hospital que revuelve el estómago. Intento abrir los ojos. Los párpados pesan como si fueran de plomo. Tras un esfuerzo, consigo entreabrirlos una rendija. La luz fluorescente del techo me apuñala las retinas.
    
    Unas figuras borrosas se inclinan sobre mí. Parpadeo, y las formas se enfocan en rostros familiares. ...
    ... Todos me miran con una expresión de angustia contenida. Un destello de memoria atraviesa mi mente: el cielo negro, el olor a ozono, el pelo de Rufo erizado justo antes del flash. Joder. El rayo.
    
    Así que estoy vivo. Vaya suerte de mierda.
    
    Mi mirada recorre a los presentes, haciendo un inventario rápido de mi comité de bienvenida.
    
    Ahí está Marta. Tiene la cara pálida y unas ojeras que no le había visto en años. La preocupación le ha quitado esa dureza que siempre lleva puesta como una armadura. Casi parece la mujer con la que me casé.
    
    A su lado, Rubén, mi hijo el serio, el responsable. Tiene la mandíbula apretada, como si estuviera conteniendo las ganas de echarme la bronca por mi imprudencia. Siempre ha sido un viejo en un cuerpo joven.
    
    Y el pequeño, Sergio. Me mira con los ojos como platos, al borde de las lágrimas. A sus veintidós años sigue siendo el crío asustadizo que se escondía detrás de su madre. La viva imagen de la inutilidad.
    
    Falta Carla. Normal. Grecia está muy lejos para venir a ver si tu padre se ha frito persiguiendo a un dálmata. La lista de la familia, siempre fue la más inteligente. La que supo escapar.
    
    Un carraspeo. Es Marta. Se inclina un poco más, su mano busca la mía sobre la colcha blanca.
    
    —Marta: Alex… ¿Puedes oírme?
    
    Intento asentir, pero solo consigo un leve movimiento de cabeza. La voz me sale como un graznido seco. —Alex: Sí… te oigo.
    
    Mi mirada baja a mi lado derecho. Intento levantar la mano para tocar la de Marta, pero no ...
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