1. Un don caido del cielo. Capítulo 1 El inicio


    Fecha: 15/06/2026, Categorías: Control Mental, Autor: Casado Curioso, Fuente: TodoRelatos

    ... responde. Es como si no fuera mía. Un trozo de carne inerte sobre la sábana.
    
    —Marta: No te muevas. El médico ha dicho que tienes el lado derecho… paralizado. Es por el shock, pero es temporal. Dicen que no habrá secuelas.
    
    —Alex: ¿Temporal? Joder, ahora voy a juego con mi vida sexual. Parálisis unilateral.
    
    Marta abre los ojos, sorprendida, pero luego una sonrisa genuina y cansada se abre paso en su cara. Incluso suelta una pequeña risa ahogada, y el sonido me golpea con una fuerza inesperada.
    
    Joder, esa risa. Hacía años que no la oía. Ha tenido que freírme un puto rayo para que volvamos a conectar, aunque sea por un momento. Me siento extrañamente bien, hablando así con ella, sin el peso de la rutina. Ojalá los chicos se relajaran también, sus caras de funeral me están poniendo de los nervios.
    
    Justo en ese instante, como si alguien hubiera pulsado un interruptor, Rubén carraspea y suelta una sonrisa torcida. —Rubén: Bueno, papá, al menos ahora tienes una excusa cojonuda para no bajar la basura.
    
    Sergio, que hasta ahora parecía a punto de derrumbarse, resopla una risa nerviosa. —Sergio: Y para que te demos de comer en la boca. Pero no te acostumbres.
    
    El aire en la habitación cambia. La tensión se disipa como el humo de un cigarro.
    
    Qué raro. Justo cuando lo he pensado. Ha sido como si… no, qué coño. Es una casualidad. Es normal que intenten quitarle hierro al asunto. Es lo que se hace en estas situaciones para no volverse loco. Miro a mis hijos, que ahora ...
    ... bromean con su madre, y por primera vez en mucho tiempo, me siento algo parecido a la felicidad.
    
    La puerta se abre sin hacer ruido y entra una enfermera para revisar los monitores y el gotero. Es joven, quizá treinta y tantos, y se mueve con una eficiencia tranquila.
    
    Joder. Y yo que pensaba que en los hospitales solo contrataban a personal diseñado para quitarte las ganas de vivir. Esta tía es una puta excepción. Está como un auténtico queso. Lleva el típico uniforme azul antilíbido, pero en ella parece una prenda de lencería cara. Tiene unas tetas espectaculares, no enormes, pero altas y firmes, que levantan la tela como dos misiles apuntando al techo. Joder, cómo me gustaría ver ese par de maravillas un poco más de cerca.
    
    Como si leyera un subtítulo invisible, la enfermera se lleva una mano al cuello y, con un gesto casi distraído, se desabrocha el botón superior de la blusa. El escote se abre lo justo para revelar el nacimiento de su canalillo. Luego, se acerca a mi cama para manipular la válvula del gotero. Para hacerlo, se inclina sobre mí.
    
    De repente, sus tetas están a escasos centímetros de mi cara. La vista es hipnótica. La tela tensa del uniforme dibuja la curva perfecta de esas dos montañas y el valle que las separa. Puedo ver la piel suave, casi sentir su calor.
    
    —Enfermera: La tensión se está estabilizando y los niveles de potasio han mejorado. —Su voz es profesional y calmada, pero sus palabras son un zumbido lejano.
    
    No escucho nada. Mi cerebro ...
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