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Mi sobrino empieza a calentarme
Fecha: 22/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos
Relato 2 Mi sobrino empieza a calentarme Volví al dormitorio con Fabricio después de un rato. Me sequé rápido y me puse de nuevo el camisón de seda. Todavía tenía el pelo húmedo. Me acosté al lado de él, que ya estaba medio dormido. —¿Y todo bien? —me preguntó con los ojos entrecerrados. —Sí. Estaba Enzo en la pileta —le dije. —¿Enzo? Bueno, puede usarla cuando quiera, Delfi. —Sí, ya lo sé. Supongo que me voy a tener que acostumbrar a que puede hacer lo que quiera en la casa. —Solo son dos meses —repitió él, como si fueran una especie de mantra. —Ya lo sé, ya lo sé… —dije, rodando los ojos. Estuve a punto de decirle que Enzo estaba desnudo, que yo lo había visto. Era lo más lógico, porque si no lo hacía yo, el propio Enzo podía hacerlo. Pero decidí guardármelo, como un pequeño castigo hacia Fabricio por su ingenuidad, o por no haberse dado cuenta de cómo me incomodaba toda esta situación. —¿Y conversaron? —me preguntó. —Un poco —contesté, dándole la espalda—. Después… se fue. —Ah —dijo. Me dormí con una sensación extraña, algo entre incomodidad y excitación. Teníamos un secreto, Enzo y yo. No era solo que lo había visto desnudo: era que él lo sabía, y que me había dejado atrapada en esa mirada verde que parecía embrujarme. El domingo amaneció tranquilo. Ninguno de los dos tenía nada especial que hacer. Fabricio, como siempre, se dedicó a preparar el material para sus talleres literarios. Ahora tenía cuatro grupos estables, todos con ...
... más de diez personas. Vivía de eso, de corregir textos y de enseñar a otros cómo contar historias. A mí me había levantado así, siendo mi profesor. Cuando terminó el taller me escribió. Me confesó que le gustaba mucho, pero que no quiso decírmelo mientras fuera su alumna. Con esa honestidad fue que empezó a enamorarme. En el desayuno, la presencia de Enzo se impuso. Era como si su cuerpo llenara todos los espacios, como si necesitara menos de un segundo para robarme el aire. Era enorme y yo, al lado suyo, me sentía diminuta. No pude evitar recordar su desnudez en la pileta, la manera en que esa verga colgaba con una naturalidad insultante. Me descubrí pensando que era hermosa. Sí, hermosa. Siempre creí que había algo fascinante en la anatomía masculina. Y también siempre me fascinaron las pijas grandes. Y no, no es algo que a las mujeres en general les atraiga. De hecho, contrario a lo que se cree —principalmente impuesto por la industria porno—, a la mayoría de las chicas no les atrae las pijas grandes. Pero digamos que, en ese aspecto, pertenezco a la minoría. Obvio, eso no significa que necesite sí o sí un miembro superdotado para gozar. Hay muchas maneras de hacer que una mujer llegue al clímax. Y si se coge bien, por más que el pene sea de tamaño “normal”, la mina lo va a disfrutar. Ahí me di cuenta de que había metido la pata al no decirle nada a Fabricio. Si Enzo llegaba a hacer algún chiste al respecto, yo iba a quedar expuesta. Pero por suerte captó mi mirada ...