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Mi sobrino empieza a calentarme
Fecha: 22/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos
... demasiado pendiente de él. Cada vez que iba al supermercado, me preguntaba si él estaría en casa. Cada vez que me ponía ropa deportiva ajustada para el gym, me cruzaba la idea de si él me miraría el culo. Era como una obsesión naciendo, y me daba miedo. El viernes tenía planeado ir a la exposición de cuadros de mi amiga Sabrina. Ella es de esas mujeres que parecen haber nacido para el arte. Pintora, cantante amateur, alma bohemia. Aunque la pintura siempre fue su gran amor, hasta hace poco no había podido vivir de eso. Finalmente, logró exponer su obra en una galería de Recoleta. Recuerdo que cuando me lo contó, agregó, con su habitual desparpajo, que había tenido que cogerse a un tipo influyente para que eso sucediera. Se rio al decirlo, sabiendo que no la iba a juzgar por algo como eso. “Al menos la pasé bien”, bromeó. Sabrina me conocía demasiado bien; ella fue testigo de mis años más salvajes. Yo misma me había acostado con tipos por razones bastante más ridículas, así que solo la escuché y levanté mi copa. El plan era ir con Fabricio, como siempre. Pero ahora, con Enzo rondando la casa, surgió la pregunta inevitable: ¿qué hacer con él? —¿Por qué no te lo llevás a tomar algo mientras yo voy al evento? —le dije a Fabricio mientras me maquillaba en el espejo. —¿Y por qué no aprovechamos y lo llevamos? —propuso él. Lo miré en silencio, con cara de “¿vos estás escuchando lo que decís?”. —Dale, no seas mala —insistió—. Desde que llegó, lo único que ...
... hicimos fue llevarlo a comer afuera y a comprarle ropa. Además, acá en Villa Ortuzar no tiene tantas cosas para hacer. ¿No te parece que estaría bueno que conozca un poco más de la ciudad? De los barrios más copados, como Palermo. Solo de imaginarme a Enzo, con su actitud de pibe del conurbano, en una galería de Recoleta me dieron escalofríos. Era como meter un perro callejero en una tienda de cristal. —No sé… —murmuré. —No lo prejuzgues —dijo Fabricio, sonriendo—. Capaz te sorprende. Y, como de costumbre, terminé tragándome mis objeciones. En el cuarto, me probaba un vestidito negro ajustado. Era corto, pero no vulgar. Con un par de tacos altos quedaba elegante y sexy a la vez. Me recogí el pelo en un rodete prolijo, con algo de gel para darle ese efecto tirante que deja la cara despejada. —¿No estoy demasiado puta para una exposición de arte? —le pregunté a Fabricio, arqueando una ceja. —Una puta fina —respondió él, riendo—. Los aros grandes te dan un toque elegante. Reí con él, aunque en el fondo sabía que la intención era justamente esa: robar miradas. Cuando salimos del cuarto, me encontré con una sorpresa: Enzo. Parecía otro. Se había cortado el pelo, prolijo, y se había afeitado. Llevaba una camisa blanca impecable, de esas que marcan el pecho y los hombros, y un pantalón de jean azul oscuro que se le ajustaba justo donde tenía que ajustarse. El conjunto dejaba ver ese cuerpo trabajado, pero de una forma más elegante, menos salvaje. Y lo más ...