-
Mi sobrino empieza a calentarme
Fecha: 22/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos
... raro: estaba callado, serio, sin gestos de sobrador. Por un momento me quedé mirándolo, recorriéndolo con los ojos, y me odié un poco por pensar lo bien que le quedaba ese look. Parecía cualquier cosa menos el chico del conurbano que se había aparecido en mi casa todo chivado. —¡Qué facha, eh! —dijo Fabricio, con una sonrisa sincera. —Ustedes también están muy lindos —respondió Enzo, aunque su mirada se clavó en mí como una daga. Tuve que apartar la vista para que no se me notara el escalofrío que me recorrió la espalda. —Bueno, vamos —dije yo, con voz seca, como para cortar el momento. La galería quedaba en Recoleta, sobre una calle tranquila con adoquines y faroles de hierro que parecían sacados de otra época. Se llamaba “Espacio Palermo Recoleta”, un lugar bastante moderno, con una fachada blanca minimalista y ventanales enormes que dejaban ver parte de la exposición desde la vereda. Desde afuera, ya se sentía ese aire pretencioso que tienen todas las inauguraciones de arte contemporáneo: gente con copas de vino en la mano, vestidos negros, perfumes caros y charlas sobre “el impacto de la forma en la percepción del espacio”. Entramos, y el olor a madera encerada y a pintura fresca me golpeó primero. El piso era de cemento alisado, las paredes completamente blancas para no distraer de las obras. Las luces, frías y dirigidas, caían sobre cada cuadro como si estuvieran desnudos sobre una pasarela. Sabrina había logrado un montaje impecable: sus ...
... cuadros, grandes y con pinceladas muy gestuales, parecían estallar en color. Eran óleos sobre lienzo con texturas que se notaban hasta desde el otro lado del salón. Me acerqué a uno de los cuadros: manchas de azul profundo y carmín, con una figura femenina desdibujada en el centro, como una mujer atrapada entre sombras. Había algo de erotismo en todas sus obras, aunque no de una forma obvia, más bien sugerida. —Mirá vos, esto sí es arte de verdad —dijo Enzo. —¿Qué sabés vos de arte? —le lancé. —Nada… pero igual está bueno —dijo, encogiéndose de hombros. Fabricio, que estaba a unos metros charlando con un conocido suyo, apenas se rió. Sabrina apareció al instante, radiante. Siempre fue de esas mujeres que se comen el lugar apenas entran. Llevaba un vestido de terciopelo rojo, corto, con la espalda descubierta. Su cuerpo era exuberante. Se había hecho las tetas hacia años, y le quedaban perfectas. Su pelo corto, con un flequillo lateral que le daba un aire de chica mala, dejaba ver un tatuaje pequeño en el cuello: un pájaro negro, apenas visible pero imposible de ignorar. —¡Delfi! —me gritó al verme, con esa energía que la caracteriza—. Que bueno que viniste, diosa. Nos abrazamos fuerte. —Obvio que vine. No me iba a perder esto por nada. Está todo increíble, Sabri. En serio, increíble. Ella sonrió y, apenas me soltó, clavó la vista en Enzo. —¿Y él quién es? —preguntó, con una ceja levantada. —Enzo —respondió él, adelantándose—. Sobrino del tío ...