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Mi sobrino empieza a calentarme
Fecha: 22/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos
... Fabri. —Encantada, Enzo —dijo Sabrina, dándole la mano, pero Enzo no se limitó a eso: se acercó y le dio un beso en la mejilla, cerca de la comisura de los labios. —El gusto es mío —le dijo, con esa voz grave y segura que parecía ensayada. La gente se movía por el salón, copa en mano, comentando las obras. Enzo me sorprendió porque estaba bastante tranquilo, observando los cuadros con interés genuino. Se quedó un rato frente a uno que mostraba una figura femenina sentada de espaldas, con una paleta de naranjas y dorados. —¿Y este? ¿Qué onda? —le preguntó a Sabrina, señalando la obra. —Ese se llama Piel de fuego. Es sobre… bueno, sobre el deseo —explicó ella, con un gesto sutil en la boca. —Ah, pensé que era sobre culo —largó Enzo, con toda naturalidad. Sabrina se largó a reír tan fuerte que la gente alrededor la miró. —¡Sos un atrevido! —le dijo, dándole un golpecito en el brazo. Yo me llevé una mano a la cara. No podía creerlo. —¿Podés comportarte cinco minutos? —le susurré, fulminándolo con la mirada. —¿Qué? Si a ella le dio gracia… —me dijo, con esa sonrisa insolente. Sabrina seguía riendo. —Delfi, no te preocupes. El resto de la exposición siguió con esa mezcla de glamour y tensión soterrada. A cada rato sentía la mirada de Enzo sobre mí, como si me desnudara en medio de la galería. Yo sabía que el vestido se me ajustaba bien al culo, y no era solo mi sobrino el que se me había quedado mirando, a pesar de que era obvio que ...
... Fabricio era mi pareja. Por suerte las cosas no salieron tan mal como esperaba. Después de la exposición, Sabrina insistió en que fuéramos a un restaurante cerca para festejar, junto con algunos amigos suyos. Terminé aceptando, más por ella que por ganas. Fuimos a “La Bistecca”, en el corazón de Recoleta, una parrilla y restaurante de esos que mezclan lo rústico con lo elegante: paredes de ladrillo a la vista, techos altos, lámparas de hierro colgando y una iluminación tenue que te da la sensación de que todo es más cálido y más caro. Había un perfume constante a carne asada y a pan recién horneado que se mezclaba con el aroma dulce del vino. Éramos un grupo de quince en total, sentados en una larga mesa de madera maciza, con copas de cristal, manteles blancos y platos tan grandes que parecían de exposición. Sabrina estaba más histérica de lo normal, riéndose fuerte de cada cosa que Enzo decía, como si hubiera descubierto un animal exótico que había que mostrarle a todos. Yo la conocía: cuando algo la divertía, lo exprimía al máximo. Los tragos empezaron a circular: aperitivos, vinos Malbec, y hasta un par de botellas de espumante. Los amigos de Sabrina, todos esos típicos “progres” de Recoleta, parecían encantados con Enzo, aunque notaba que lo miraban más como un fenómeno de circo que como a una persona. Era como si no supieran si reírse con él o de él. Pero a él no parecía importarle. Estaba demasiado concentrado en mi amiga. -En un momento fui al baño con Sabrina, ...