-
Mi sobrino empieza a calentarme
Fecha: 22/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos
... como siempre hacíamos para ponernos al día en esos espacios de “charla femenina”. Apenas cerramos la puerta, me miró con esa expresión de trola que conozco demasiado. —Che… ¿y este nene qué onda? —me preguntó. —Es el que te conté, el sobrino de Fabricio —respondí, mientras retocaba el labial frente al espejo. —Sí, ya sé. Pero… ¿de verdad tiene solo 18? —¿Te calienta? —le pregunté, indignada, aunque en el fondo sabía la respuesta. —¿Me estás jodiendo? ¡Está re bueno! Pero nunca me cogí a un nene tan chico. ¿Vos pensás que es de esos que se enamoran? La miré como diciéndole “qué tarada que sos”. —No. Me parece que es de esos que te cogen y después ni te llaman. —Eso es justo lo que necesitaba escuchar —me dijo, riéndose. —¿Me estás hablando en serio? —le pregunté, girándome para mirarla fijo. —¿Qué? Si te jode, no lo hago —dijo, levantando las manos como si fuera inocente. —No, no me jode —mentí, aunque me sorprendió un cosquilleo en el estómago—. Pero mirá que está bajo nuestro cuidado. —Ay, por favor, Delfi. Nosotras hicimos cosas peores que cogernos a un pibe nueve años menor. —No me hagas acordar. Ahora estoy de novia. —Sí, con un boludo que te mete los cuernos —retrucó, sin filtro—. ¿Y ya se la cobraste? —preguntó después. —¿Sabés que sí? —respondí—. Me cogí a tres tipos, pero cuando estábamos separados. —Ah, entonces no cuenta —rio Sabrina. —Sí, ya sé… —reconocí. —¿Y el nene este? —insistió, mordiéndose el labio—. ...
... ¿No te tienta? —Es un troglodita. Eructa, se rasca las bolas, escupe. Sabrina se largó a a reír a carcajadas. —Bueno, ahora se está portando bien —dijo, guiñándome un ojo. —Sí… demasiado bien —murmuré. —¿De verdad no te jode que me lo coja? —No, no me jode. Pero si te lo vas a llevar, mandalo en auto a casa. —¡Qué exagerada! —dijo ella, riéndose otra vez. Volvimos a la mesa y me quedé pensando en lo que me había dicho. ¿Realmente no me jodía? Mientras tanto, Enzo estaba al otro lado de la mesa, riéndose con un grupo de tipos que rondaban los 35, como si los conociera de toda la vida. Sabrina se lo cogió esa misma noche. Ni me sorprendió, la verdad. Lo que sí agradecí fue que Fabricio no se enterara. No quería que se diera cuenta de que ese mocoso de 18 años era capaz de calentar a una mina de 27, porque entonces capaz se avivaba de que lo mismo podía pasar conmigo. Y, aunque no hubiera pasado nada, solo la idea de que sospechara me resultaba incómoda. Después del restaurante, fuimos todos a terminar la joda a la casa de Sabrina, en su departamento de Palermo. Fabricio dijo que prefería volver, que ya era tarde, y lo entendí. Eran casi las tres de la mañana, y nosotros ya no éramos adolescentes. Teníamos nuestros compromisos. —Me quedo un rato más —le dije, cuando él me preguntó si volvía con él—. No quiero dejar a Sabrina sola. Fabricio solo asintió, con esa confianza ingenua que a veces me exasperaba. Éramos ocho en el departamento: ...