1. Mi sobrino empieza a calentarme


    Fecha: 22/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos

    ... de alarma cuando se sentó frente a mí y no dijo ni una palabra. Era como si ahora compartiéramos un secreto erótico, obsceno, y esa complicidad me ponía nerviosa.
    
    Pasaron un par de días, y aunque intentaba seguir con mi vida normal, su presencia se sentía en cada rincón. Yo trabajaba desde casa, en diseño gráfico y marketing digital para varias marcas. Eso me obligaba a pasar muchas horas frente a la computadora, pero cada vez que Enzo pasaba por el pasillo o se asomaba en la cocina para servirse algo, me distraía. No ayudaba que siempre anduviera con el torso desnudo o en shorts, con ese cuerpo que lo hacía parecer a un Tarzán del conurbano.
    
    Un martes, por ejemplo, estaba concentrada en un proyecto para una tienda de ropa. Tenía la tablet en una mano y el café en la otra, cuando lo escuché cantando algo en la cocina. Su voz era grave, desprolija, pero tenía algo atractivo. Lo vi apoyado en la mesada, comiendo directamente de la sartén, sin plato. ¿Qué clase de chico se manda a comer de una sartén en casa ajena? Pero ahí estaba él, con el cabello húmedo y desordenado, los ojos brillantes.
    
    —¿Querés? —me dijo, ofreciéndome con un tenedor lo que parecía un huevo revuelto con jamón.
    
    —No, gracias. Pero… ¿no sabés usar un plato?
    
    —Dale, no seas tan cheta, tía —me respondió con una carcajada.
    
    En mi vida lidié con toda clase de tipos. Pero los últimos años de vida rutinaria y calmada me acostumbraron a tratar principalmente con Fabri, y con algún que otro tipo ...
    ... cheto y progre. Así que los modales de mi sobrino me resultaban chocantes, aunque también me fascinaban. Pero, más allá de eso, su presencia era muy abrumadora, y empezaba a incomodarme.
    
    Además, yo tengo mi rutina. Casi todos los días voy al gimnasio o hago yoga en el living. Pero desde que Enzo está en casa, siento sus ojos en mi espalda cada vez que me estiro o me pongo en posición de perro boca abajo. Una mañana, mientras hacía mis saludos al sol, lo sentí entrando al living. Ni siquiera me molesté en disimular, seguí con mis movimientos, aunque sentía cómo su mirada me recorría como una lengua caliente.
    
    —¿Eso te deja así de flexible? —me preguntó desde atrás, con un tono entre curioso y atrevido.
    
    —No lo hago para que me mires —le dije, sin girar la cabeza.
    
    —Tranqui, no digo nada… pero te queda bien —agregó.
    
    Me mordí el labio, más por rabia que por otra cosa.
    
    Lo peor era la noche. A veces escuchaba sus pasos en el pasillo o la música que ponía en su cuarto. Enzo era ruido, presencia, energía. Llenaba la casa de una forma que me hacía sentir que nada volvía a ser mío.
    
    Un jueves, mientras estaba revisando unos bocetos, lo escuché desde la ventana del patio. Había invitado a un amigo, un tal "Chino", y hablaban en ese tono de barrio, riéndose de cualquier cosa. “Eh, mirá lo que es esta pileta, pa’, nos hacemos un asadito acá y no salimos más, boludo.” Sentí una punzada rara, una mezcla de molestia y celos absurdos.
    
    Me di cuenta de que empezaba a estar ...
«1234...9»