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Mi sobrino empieza a calentarme
Fecha: 22/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos
... Sabrina, Enzo, algunos amigos suyos, y yo. El living estaba lleno de copas, botellas abiertas, olor a vino y tabaco. La música sonaba baja, algo de funk y soul mezclado en una lista que Sabrina había armado. Ella estaba totalmente volcada a Enzo, riéndose de todo lo que decía, como si se tratara de un descubrimiento antropológico. Había uno, un tal Hernán, que no me sacaba los ojos de encima. Un pibe alto, de barba recortada, con cara de que leía más de lo que hablaba. Cuando Sabrina desapareció con Enzo por el pasillo, él se me acercó con una excusa tonta, hablándome de una obra de teatro independiente que me importaba menos que nada. Pero era lindo, y no era agrandado. De hecho, parecía estar haciendo un esfuerzo enorme por atreverse a intentar seducirme. En el balcón, solos, me pidió si podía besarme. Lo dejé. Sentí su boca tibia contra la mía, y no me resistí cuando su mano bajó hasta mi culo, metiéndose debajo de la pollera para apretarme. No pasó de ahí, porque me gusta dejar a los hombres comiendo de mi mano, calientes, sabiendo que no van a tener más de lo que yo quiera darles. Cerca de las cuatro, pedí un Uber para volver con Enzo. Íbamos los dos en silencio al principio, con la ciudad medio vacía pasando por las ventanillas. Él olía a alcohol y perfume barato, y había algo en su mirada verde que me incomodaba y excitaba al mismo tiempo. De repente soltó, con esa brutalidad suya: —¡Que bien que coge tu amiga! Me giré ...
... sorprendida. —¿Perdón? —Digo, ¿todas son así? —¿Así cómo? Se inclinó hacia mí, su aliento mezclado con whisky y tabaco, y me susurró: —¡Así de putas! —No deberías llamar puta a una mujer que te dio placer. —Ya lo sé, no lo digo de mala manera. Solo digo que… supongo que yo también soy un poco puta —agregó con una sonrisa torcida, riéndose de sí mismo. No le contesté. Bajamos del auto y entramos a casa. Cerré la puerta con llave, pero apenas lo hice, sentí su mirada recorriéndome. —¡Qué linda estás, tía! —dijo—. Te queda increíble ese vestido. —Voy a dormir —le respondí, esquivando su mirada. —Dale, descansá. Yo la pasé muy bien hoy… Después me podés presentar a más amigas tuyas. —¿Te pensás que todas van a caer rendidas como Sabrina? —Bueno… me tengo bastante fe —dijo, con esa sonrisa descarada que me irritaba. No le contesté y me fui a mi cuarto. Fabricio ya dormía, ajeno a todo. Apenas me tiré en la cama, vi que tenía un mensaje de Sabrina. Lo abrí. "Ese pendejo es una bestia. Una bestia hermosa". Sonreí, negando con la cabeza. Sabrina y yo siempre tuvimos esa complicidad, ese código de contarnos todo con lujo de detalles, pero solo cuando alguna lo pedía. "Contame todo." le escribí. Me sorprendí al encontrarme tan ansiosa por saber cómo es que el pendejo maleducado que vivía conmigo se la había cogido. O bueno, quizás no me sorprendí tanto. No me contestó con texto. Me mandó un audio de diez minutos. Miré a Fabricio: seguía dormido, con la ...