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Mi sobrino empieza a calentarme
Fecha: 22/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos
... boca entreabierta. Bajé el volumen del celular al mínimo, me tiré en la cama y le di play al audio de Sabrina. —Delfi… te lo dije y te lo repito. Ese pendejo es un animal. Yo tragué saliva y me acomodé, porque sabía que iba a ser un chisme interesante. —Mirá, cuando estábamos en la cocina, haciendo unos tragos, separados del resto, me abrazó por atrás, ¿viste? Así, de una. Me apoyó la verga, y el hijo de puta ya la tenía dura. Yo giré, y él me miró con esos ojazos que tiene. Ahí nomás me chapó. Metió la mano dentro del vestido y empezó a acariciarme las tetas mientras me besaba. Y el tipo movía la pelvis, frotándome la pija en el culo. La tiene enorme, boluda. A vos te hubiera vuelto loca. Ella sabía muy bien de mis puntos débiles, obviamente. Su voz bajó un tono. —Nos metimos en mi pieza. Me levantó de un tirón, Delfi, como si no pesara nada. Me puso contra la pared y me besó con una fuerza… con lengua, con dientes. Me mordió el labio, y te juro, me calenté como hace mil que no me pasaba. Me tocaba el orto como si su vida dependiera de eso. Pero mientras lo hacía, me empezó a chipar el cuello, y me hizo mojarme toda. Sentí un cosquilleo en el pecho al escucharla. No pude evitar imaginarme en el lugar de mi amiga. Yo, tan pequeña, con esa bestia adolescente arrinconándome en la pared, con sus manos dentro de mi vestido, manoseándome el culo, mientras su boca se enterraba en mi cuello, como un vampiro. —Después, se arrodilló. Me abrió las piernas y me ...
... bajó la tanga. Entonces me empezó a besar los muslos tan despacio que pensé que me iba a volver loca. Y después nada de despacio. Me comió la concha como si no hubiera un mañana. Eso me sorprendió, porque a los tipos no suele gustarles chuparla, y los que lo hacen no lo hacen tan bien. Pero este pendejo tiene experiencia. Se nota que ya estuvo con minas más grandes que él, y que le habrán enseñado muy bien al nene. Me di cuenta de que mi respiración empezaba a acompasarse con la de ella, aunque solo escuchaba su relato. —Después de un rato se paró. Me agarró de la cintura, me levantó en el aire y me tiró en la cama, como si fuera una muñeca. Después se puso en bolas. Uf, no sabés. Me hizo acordar al morocho que salía en “El marginal”. Así, con los músculos todos marcados, los tatuajes por todas partes, y las cicatrices… Y así, con la pija dura como una roca… se me hizo agua la boca. Son de esas pijas que te dan ganas de chupar. No podía evitar imaginarlo. Yo ya conocía su imponente desnudez. Y ahora solo tenía que agregarle la erección. De repente, me di cuenta de que me había levantado el camisón, y había metido la mano dentro de la tanga. Un gesto mecánico, impulsado por mi excitación. Mi concha estaba empapada. Empecé a masturbarme, sin poder evitarlo, mirando de vez en cuando a Fabri, que seguía dormido. —Y después me la puso. Menos mal que sabe cómo usarla. Porque si fuera tan bruto como parece, me rompería la cachucha. Pero primero me la metió despacito. Yo ...