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Presa escurridiza - Cap 2
Fecha: 23/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: tripleG, Fuente: TodoRelatos
... sofocó un ataque de risa. “Tienes razón…” murmuró a su vez… “¡No hay música!” “¡Eh! ¡Chicas!” Cat volvió corriendo hacia ellas. “¡Venga… venid a ver esto!” “¿Ver qué?” preguntó Bárbara mirando alrededor. “Justo al doblar aquella esquina…” Cat se colocó entre las dos y las tomó de un brazo. “Por aquí.” Solo había lo que parecía un hueco entre edificios en el lateral izquierdo de la calle, pero mientras Cat tiraba de ellas, Kimberley pudo echar un vistazo mejor y se dio cuenta de que era realmente una calle lateral. Solo una tercera parte del ancho de la calle principal, parecía que a duras penas podría soportar tráfico en dos direcciones. Doblaron juntas la esquina y Cat se detuvo soltándoles los brazos para señalar. “¡Allí!” dijo presa de excitación. “¡Allí! ¿Lo veis?” “Allí” era lo que parecía un establo sobredimensionado. Los costados eran tablas sin pintar, gastadas, el tejado de tablillas rojo oscuro. La calle lateral se dirigía directamente a él y parecía cruzar las grandes puertas abiertas del extremo más cercano. Un cartel sobre la entrada: “Mercado de esclavos.” El interior parecía oscuro. “¿Qué pensáis?” Cat se volvió hacia ellas sonriente. “¿Le echamos un vistazo?” “Ah…” Kimberley tragó saliva. Se había acostumbrado al estilo Ciudad del Salvaje Oeste, pero esto era algo que nunca había visto en ninguna película del Oeste. Parecía completamente fuera de lugar al principio, pero después de la sugerencia de Cat de echar un vistazo de cerca, de ...
... repente pareció además amenazador. “No sé…” empezó a protestar. “Tal vez no esté permitido…” “Tal vez sí y tal vez no. Vamos a averiguarlo.” Cat las agarró de nuevo del brazo y empezó a tirar de ellas hacia allí. Estaba un poco más lejos de lo que había parecido, lo que significaba que también era más grande de lo que Kimberley había pensado al principio. Cuanto más cerca estaban de las puertas abiertas del establo, menos le apetecía a Kimberley cruzarlas. Lanzó a Bárbara una mirada suplicante, que solo obtuvo como respuesta una sonrisa de soslayo. Kimberley suspiró, se encogió de hombros y se resignó. “Buenas tardes, señoras.” El anciano emergió de lo que parecía como una casucha de una habitación, claveteada en la parte trasera de uno de los edificios que daban hacia la calle principal. Era delgado, lleno de arrugas y sonreía, vestido con vaqueros desvaídos, camisa de trabajo y un sombrero viejo vaquero marrón oscuro. “¿Puedo ayudarlas?” “Eh, ¡sí, tal vez!” Cat les soltó de nuevo los brazos y se volvió hacia él. “Nos preguntábamos si podríamos echar un vistazo dentro.” Señaló con un movimiento de cabeza hacia el mercado de esclavos. “Bueno, no sé…” Se quitó el sombrero para rascarse distraídamente el pelo corto y gris. “Las señoras no son solo turistas, ¿verdad?” “¡No, claro que no!” se rió Cat. “¡Las tres somos de la parte dura! ¡Mis amigas están aquí por las cacerías y yo me voy a poner en este mismo bloque mañana!” “¿Ya están registradas en el hotel y ...