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Presa escurridiza - Cap 2
Fecha: 23/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: tripleG, Fuente: TodoRelatos
... ahora que se había quitado el sombrero, y no podía decir de que color tenía los ojos. Levantó la vista y pasó a su lado. “Señoras,” saludó a Bárbara y Cat que iban detrás de ella. Tras él, el caballo relinchó y sacudió la cabeza. Al oírlo, miró al caballo y tuvo que tragar saliva. Había un cuerpo atravesado en la silla, cubierto con una manta, de modo que solo podía ver unos brazos que sobresalían por el extremo más alejado y unas piernas por el más cercano. Eran brazos y piernas de mujer, las muñecas y los tobillos atados con cuerdas y unidos unas y otros por más cuerda que pasaba por debajo del caballo. Intentó apagar un sofoco horrorizado. Él miró hacia atrás y se rió al ver su expresión. “Ella está bien, señorita,” le aseguró. “Está viva y llena de vigor. Solo le he puesto la manta encima para protegerla de una insolación. Deje que se lo demuestre.” Puso el caballo de costado y retiró la manta. La mujer que había debajo estaba desnuda y empezó a hacer sonidos sofocados de protesta. La agarró del pelo castaño claro y le levantó la cabeza. Kimberley vio que estaba fuertemente amordazada, con algo metido en la boca. Sus ojos brillaban de furia, de enfado. Tenía la cara enrojecida. “Buenas tardes señor Quinn,” dijo el señor Brown mientras se dirigía hacia ellos. “¿Qué tenemos aquí?” “Algo para la subasta,” replicó el señor Quinn, soltando el cabello de la mujer. La cabeza cayó hacia abajo de modo que Kimberley no pudo verle más la cara, pero siguió gruñendo a ...
... través de la mordaza. “La cacé hace un par de noches,” continuó el señor Quinn. “Está todavía bastante salvaje, y tengo mejores cosas que hacer con mi tiempo que usarlo en domarla.” Lanzó la mano para azotarle una vez el trasero vuelto hacia arriba, con dureza, provocando gruñidos más altos y una furiosa agitación en la mujer. Kimberley dio un paso atrás, luego otro y se tropezó con Bárbara. Se apartaron asustadas, intercambiando miradas. Cat se rió por lo bajo. El señor Brown se volvió al oír el ruido. “Señoras,” dijo, “creo que será mejor que vayan al hotel ahora. Este asunto no es de su incumbencia. Les enviaré directamente sus cosas.” “Ah… bien…” asintió Kimberley nerviosamente. “Vale…” notó que el señor Quinn la estaba mirando con cierto interés, y apartó la vista rápidamente. “Vamos Bárbara, Cat.” “¡Gracias por la visita, señor Brown!” dijo animadamente Cat mientras se iban. “¡Encantada de conocerle, señor Quinn!” Kimberley no miró hacia atrás. De hecho miraba siempre adelante y no veía casi nada. Siguió andando hasta que Cat la agarró del brazo y le dijo que estaba a punto de pasarse de largo el hotel. Estaba tan excitada por el corto encuentro con “el señor Quinn” y su cautiva y su mente estaba tan preocupada en pensamientos sobre lo que el señor Quinn podría haber hecho a su presa antes de llevarla allí, que sintió un cosquilleo donde Cat la había tocado hasta mucho después de que hubieran entrado en la calma y el aire acondicionado del Hotel Gordburg.