1. Presa escurridiza - Cap 2


    Fecha: 23/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: tripleG, Fuente: TodoRelatos

    ... diferencia de las mujeres de la otra jaula se las veía limpias, recién lavadas… y afeitadas también, según observó. Estaban en pie, una junto a la otra, la del pelo más oscuro rodeaba con el brazo la cintura de la otra. Se parecían mucho, o a Kimberley se lo parecía, por lo que supuso que eran parientes… primas tal vez… ¿o hermanas? Se estremeció nuevamente. Tenía una prima un año más joven, y no podía imaginarse compartiendo algo como aquello con Sammy. Con Bárbara era diferente.
    
    Las mujeres de la jaula las miraban impasibles, e incluso algo en sus ojos, algo en su actitud, sugería a Kimberley una sexualidad provocativa. Sí, sin duda HABRÍA una puja viva por aquella pareja.
    
    “Uau…” murmuró Cat con admiración mientras miraba a las dos cautivas. “Seguro que me alegraré de no competir con estas dos.” Al oír sus palabras las cautivas se miraron entre sí y sonrieron levemente, como si compartieran un secreto. Kimberley se preguntó como habrían acabado allí. No parecían del tipo de las que iban para que las cazaran en la jungla. Parecían demasiado… suaves, demasiados sensuales para ello. Le recordaban, de alguna manera, gatos de interior, ligeramente interesados, si acaso, por lo que podría haber fuera. Si aquello era cierto, querría decir que habían venido aquí para venderse, ellas mismas, como esclavas. Tenía que acordarse de preguntarle a Cat más tarde como funcionaba aquello.
    
    “Esto concluye la visita, señoras,” dijo el señor Brown. “Me temo que ahora tendrán que ir al ...
    ... hotel. Si lo desean puedo conseguir que alguien les lleve las mochilas hasta allí.”
    
    “¿PODRÍA hacerlo?” el agradecimiento de Bárbara era un poco teatral, pero completamente sincero. “A mí…” miró rápidamente a sus compañeras “a nosotras… ¡nos encantaría!”
    
    “No hay problema, señorita.” El señor Brown se rió una vez más, pero sus ojos vagaron sobre cada una de ellas como si se estuviera imaginando el aspecto que tendrían en una de las jaulas. Se le ocurrió a Kimberley que aquel señor Brown tal vez no fuera tan amable y encantador como parecía, pero no apartó la vista cuando sus ojos se encontraron. Él le sonrió cuando ella lo hizo y señaló con la cabeza. “Por aquí, señoras, por favor.”
    
    Después de la apagada penumbra del establo, la luz del mediodía hacía casi parpadear. Kimberley tuvo que hacerse sombra con la mano cuando salieron del edificio. Con los ojos entrecerrados y parpadeando casi se choca con un hombre alto, larguirucho, que guiaba a un caballo.
    
    “¡Oh!” exclamó echándose a un lado de un salto. “¡Perdón!”
    
    “No hay problema, señora.” Sonrió mirándola. Se despojó del viejo y manchado sombrero vaquero que llevaba con una reverencia. “Espero que simplemente no me viera llegar.”
    
    Aparentaba estar al final de los treinta o comienzos de los cuarenta, pelo marrón oscuro y barba de tres días. Las botas, pantalones y camisa estaban polvorientas y sucias, como si acabara de volver a la ciudad después de muchos días en el campo. También él tenía los ojos entrecerrados ...
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