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Presa escurridiza - Cap 2
Fecha: 23/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: tripleG, Fuente: TodoRelatos
... todo eso?” preguntó mirando sus mochilas. “Ah, bueno, todavía no,” admitió Cat. “Ahora íbamos para allá…” “Hay que estar registradas primero, señorita.” “Bueno. Hemos estado todo el día caminando… por favor, ¿no puede hacer nada?” La sonrisa de Cat era a la vez de súplica y de insinuación. “Bueno…” miró a las tres. “Parecen todas un poco agotadas. Saben lo que les digo, que volvamos a mi oficina un minuto y veré que puedo hacer.” “¡Gracias!” Cat casi gritó. “¿Señor…?” “Digamos que señor Brown.” “¡Gracias, señor Brown!” La casucha claveteada era la oficina. Dentro había un escritorio, varias sillas y un ordenador. “Tomen asiento,” ofreció mientras se sentaba tras el escritorio. Utilizó el teclado. “Bien… ¿sus nombres?” Lo del ordenador era un poco excesivo para Kimberley. Vale, podría ser una herramienta muy útil aquí, pero ciertamente no encajaba con el Salvaje Oeste… incluso con un Salvaje Oeste con mercado de esclavos. Se preguntó que otras sorpresas anacrónicas les reservaría este lugar. Soltó la mochila, como habían hecho Bárbara y Cat y se acomodó cansada en una vieja silla. “¿Señorita? ¿Señora? Necesito su nombre de registro, por favor.” “¡Oh! ¡Perdón!” Kimberley se dio cuenta de que había estado haciéndose preguntas en lugar de escuchar. “Debería aparecer como ‘Chica-elfo’.” El señor Brown levantó una ceja peluda una fracción de segundo ante su respuesta, pero la tecleó. Unas pulsaciones más tarde acabó con lo que estaba ...
... haciendo. “De acuerdo, señoras…” sonrió mientras se desconectaba. “Se les autoriza una pequeña visita. Aunque yo las acompañaré, y hay algunas reglas.” “¿Cuáles son?” Preguntó Cat inmediatamente. “Bien, básicamente pueden ver pero no tocar ni intentar hablar con ninguna de las esclavas. Si tienen alguna pregunta me la hacen a mí. Pueden dejar las mochilas aquí, si les parece.” Incluso Cat parecía apagada mientras seguían al señor Brown al enorme edificio con aspecto de establo. La iluminación interior era realmente pobre, y la luz del sol que penetraba por las puertas abiertas parecía no llegar muy adentro. Se quedaron un instante en pie, parpadeando, dejando que los ojos se acostumbraran. El interior parecía realmente un establo. El suelo era de tierra pisada, esparcida sin cuidado de paja y serrín, y tenía el mismo olor dulzón que Kimberley había encontrado en otros establos. A intervalos regulares se elevaban desde el suelo grandes postes de madera que soportaban las vigas y maderos de un segundo piso sobre sus cabezas. A excepción de estos postes toda la planta baja parecía una vasta sala… y había jaulas… filas de jaulas… La mayor parte de las jaulas parecía tener el mismo tamaño, unos seis pies por ocho y seis pies de altura (1,80 x 2,40 x 1,80 m), hechas de tubos de acero y alambradas. En el extremo opuesto del edificio había dos jaulas mucho más grandes, hechas de los mismos materiales, flanqueando una especie de escenario elevado. Si esto era un mercado de esclavas ...