-
Mi primera vez - Parte 2
Fecha: 25/06/2026, Categorías: Gays Autor: LorienWhisper, Fuente: TodoRelatos
... Boca abajo. Apóyate en tus rodillas. Quiero verte así. Me mordí el labio. Dudé. Pero algo en su voz, en su mirada, en cómo lo dijo sin pedir permiso pero con deseo… me prendió. Me giré. Con el cuerpo tembloroso, me puse en cuatro sobre la cama. La cara contra las sábanas. El trasero al aire. Expuesto. Entregado. Sentía mi entrada todavía húmeda, sensible, palpitante. Simón se colocó detrás de mí. Y entonces… lo sentí. Su mano sujetándome la cadera. La otra separándome las nalgas. Su aliento caliente bajándome por la espalda. Y su pene, otra vez, alineándose. —agárrate… —susurró. Y sin más, entró. De una. Firme. Directo. —¡Aahhh! —grité, más de placer que de sorpresa. Y ahí empezó el otro Simón. El que yo no conocía. El que no preguntaba, solo tomaba. El que mordía mi hombro mientras me embestía. El que me decía cosas al oído mientras sus caderas chocaban contra mi trasero. —¿Te gusta esto, eh? —jadeó—. Ahora eres mío. —¡Sí! —respondí sin pensarlo—. Sí… tuyo… —Pídemelo —me gruñó, aumentando el ritmo. —¡Ahhh… Simón…! Más… por favor… no pares… —¿Así? ¿Así te gusta? —empujó más fuerte. —¡Sí…! ¡Dios…! No había ternura ya. Solo puro instinto. Mi trasero chocando con su pelvis, una y otra vez. Mis manos aferradas a las sábanas, al colchón, a lo que pudiera. Mi cuerpo moviéndose con él, siguiéndolo, abriéndose más, aceptándolo todo. Simón gemía sobre mí, jadeos roncos, guturales. —Hnnnh… ...
... ahh… tan apretado estás… tan mío… Y yo, entre gemido y gemido, solo podía pensar una cosa: Estoy perdiendo la cabeza. Cada embestida era más intensa. Más húmeda. Más honda. Más rápida. Y yo… yo no podía dejar de gemir. —Ahhh… ahhh… Simón… sí… ¡sigue así! —Dámelo todo… por favor… Me sentía al borde. De romperme. De explotar. De rendirme. Nunca me habían culeado. Y ahora… estaba ahí. A cuatro patas. Con Simón detrás de mí. Sujetándome de la cintura como si fuera suyo. Como si siempre lo hubiera sido. Y lo era. Porque en ese momento, con cada embestida que me arrancaba un gemido nuevo, ya no era yo el que mandaba sobre mi cuerpo. Era él. Y yo encantado de obedecer. —Mmmhhh… ahhh… Simón… —jadeaba, con la cara enterrada en las sábanas, babeando, literalmente. Mi cuerpo se balanceaba al ritmo de sus caderas. Él se empujaba dentro con fuerza. Yo retrocedía por reflejo. Chocábamos. Y el sonido húmedo, obsceno, de nuestras pieles era ya constante. Y entonces lo sentí. Una palmada. ¡Plash! Directo en mi nalga derecha. —¡Ahhh! —solté, más sorprendido que dolido. Y sin darme tiempo de reaccionar, otra. ¡Plash! —¿Te gusta eso? —me dijo con voz grave. —S-sí… —gemí, temblando—. No sabía que… pero… sí. Él rió por lo bajo. Y siguió. Me embestía con ritmo. Más rápido. Más fuerte. Y al mismo tiempo… su mano bajó por mi cadera… entre mis piernas… Me agarró el pene. Su ...