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El Convento 1
Fecha: 29/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
ADVERTENCIA: Se hace mencion de temas que pueden llegar a ser asquerosos y algunos cuantos fetiches, por favor leer bajo su propio riesgo. "El Convento" El viento aullaba entre las grietas de las paredes del antiguo convento de Santa Clara, abandonado por décadas. La monjaLala, de rostro sereno y manos laboriosas, había sido enviada por la madre superiora para restaurar el lugar. Su tarea era sencilla: limpiar, ordenar y devolverle la vida a esos pasillos que alguna vez resonaron con cantos sagrados. El carruaje se alejó dejando a Lala en la lúgubre entrada del convento de Santa Clara. Las advertencias del obispo resonaban en su memoria: "Ese lugar... tiene una sombra que devora la fe". Pero ella apretó su rosario. "Mi oración es más fuerte que cualquier rumor", murmuró, cruzando el umbral mientras el sol moría tras las montañas. El silencio era espeso, roto solo por el crujir de sus propios pasos en los pasillos polvorientos. Desde el primer instante, los ojos la acecharon. No una metáfora: los sentía en su nuca, recorriendo su cuerpo bajo el hábito áspero. Rezó mientras comía pan en la cocina derruida. Cantó salmos al bañarse con agua fría en una tina de zinc, frotándose la piel hasta enrojecerla, incapaz de borrar la sensación de miradas recorriendo sus muslos húmedos. En su celda, apenas iluminada por una vela, se arrodilló junto al camastro. "Señor, protege a esta humilde sierva de las sombras que acechan..." La oración fue rápida, temblorosa. El cansancio ...
... venció al miedo, y se hundió en un sueño agitado. No sintió el frío sobrenatural que entró en la habitación. Ni vio la figura que descendió del techo, materializándose junto a su lecho.Beltienno era un titán de leyenda: su piel brillaba con un tinte azul profundo, como el cielo antes del alba; apenas alcanzaba el hombro de Lala dormida. Dos pequeños cuernos de ébano se curvaban sobre su cabello plateado, corto y desordenado. Pero sus ojos... eran pozos de fuego negro con una doble esclerótica que relucía en la oscuridad: un anillo carmesí dentro de otro azabache. Flotó sobre ella, sin peso. Un dedo alargado, de uña afilada, rozó suavemente la mejilla de Lala. Ella gimió en sueños, volviendo la cara hacia ese tacto gélido. —Ha pasado tanto tiempo desde que tuve una monja... —susurró Beltien, su voz un zumbido bajo—. Y tú... hueles a devoción y deseo reprimido. Una combinación... deliciosa. Su mano se deslizó bajo la manta áspera. Los dedos azules encontraron el tobillo de Lala, ascendiendo con lentitud tortuosa por su pantorrilla. Ella arqueó la espalda inconscientemente, un jadeo atrapado en su garganta. Beltien sonrió, mostrando dientes pequeños pero afiladísimos. —Sigue durmiendo, querida... —murmuró mientras su mano alcanzaba el interior de su muslo, sintiendo el temblor involuntario de su piel—. Tu cuerpo ya reconoce a su verdadero dueño. El sol de la mañana encontró a Lala despertando con un jadeo áspero, el corazón golpeándole las costillas. Sentía el ...