1. El manitas y la barandilla de Silvia


    Fecha: 30/06/2026, Categorías: Hetero Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos

    Bienvenidos a El Manitas, una serie sobre las aventuras de un hombre atractivo y habilidoso con toda clase de herramienta:
    
    1. El manitas – La cocina de mi tía.
    
    2. La inspectora municipal y el manitas.
    
    3. Yolanda tiene problemas con la puerta de atrás.
    
    4. El vecino me desatascó el desagüe.
    
    5. La Barandilla de Silvia.
    
    __________________
    
    Gracias a mi trabajo conozco una gran variedad de personas. Aunque la mayoría de mis clientas son razonables e incluso amables conmigo, de tanto en tanto doy con alguna malavenida que rompe la norma. Y es que en todas partes hay personas felices, pero también las hay deprimidas o que se sienten solas. Por último estaría la que, simplemente, es imbécil, quisquillosa, tacaña, desconfiada, huraña e insoportable.
    
    Silvia era todo eso…
    
    __________________
    
    En cuanto hablé con ella por teléfono, me di cuenta de que tenerla como clienta supondría un desafío. Después de repetirle varias veces que no podía darle un presupuesto para reparar su barandilla sin antes inspeccionarla, finalmente cedió y aceptó concertar una cita; aunque como trabajaba por turnos, fue inflexible en cuanto a la hora. Tendría que estar allí muy temprano, aproximadamente a las siete de la mañana, cuando ella regresara a casa del hospital.
    
    Así lo hice. Madrugué y aparqué en su puerta unos minutos antes de las siete, pero nadie contestó al llamar al timbre. Tras varios intentos sin obtener respuesta, rodeé la casa, abrí la puerta de la cerca y empecé ...
    ... a inspeccionar la terraza y la barandilla. Tomé algunas fotos y estaba tomando medidas cuando una voz estridente me atravesó los tímpanos.
    
    — ¿Qué hace ahí? —chilló—. ¡Salga ahora mismo de mi propiedad!
    
    Me giré y vi a una rubia bajita y furiosa. Tenía las manos en las caderas, estaba despeinada y sus ojos destilaban ira. Visiblemente impaciente, golpeaba el suelo a toda velocidad con el talón derecho, su uniforme sanitario maltrecho tras una noche en vela.
    
    — Buenos días —respondí con una sonrisa, tratando de ser amable—. Soy Alberto. Hablamos sobre las barandillas.
    
    — Que yo recuerde, no le dije que pudiera husmear por mi jardín aunque no estuviera presente —me regañó.
    
    — Bueno, dijiste que podía revisarla a partir de las siete, y son… —miré mi reloj— casi las siete y media. Tengo un día bastante ajetreado, así que pensé ir adelantando. Pero disculpa si te he molestado.
    
    Me quedé de pie esperando su respuesta. Aprendí hace mucho cómo calmar las situaciones tensas y aguardé en silencio. Silvia comprobó su propio reloj y me miró contrariada un instante después. Su rostro se relajó, pero se cruzó de brazos; lo que hizo realzar su hermoso pecho.
    
    — Bueno —resopló—. No esperaba llegar tan tarde.
    
    — Entonces aceptamos nuestras disculpas —dije por los dos con una sonrisa—. En fin, las barandillas están podridas y hay que cambiarlas, pero el resto de la terraza está en buen estado. Aunque le vendría bien una impermeabilización y una mano de barniz.
    
    — ¡No puedo ...
«1234...8»