1. El manitas y la barandilla de Silvia


    Fecha: 30/06/2026, Categorías: Hetero Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos

    ... permitirme una terraza nueva! —espetó a la primera oportunidad.
    
    — De acuerdo, sí —asentí—. Sé que quiere un presupuesto ajustado, pero solo son unos tramos de barandilla.
    
    — ¡Quiero que la arregle! ¡Ya se lo dije!
    
    Sujeté la barandilla con la mano, tiré suavemente y una gran sección cayó al suelo con un golpe sordo.
    
    — Me temo que necesita una barandilla nueva.
    
    La señora se quedó boquiabierta, sus fosas nasales se dilataron y sus ojos se abrieron de par en par.
    
    — ¡Imbécil! —gritó—. ¡La has destrozado!
    
    — Al contrario. Te he ahorrado el coste de desmontarla —repliqué con sorna—. Aunque seas una mujercita delgada y bonita, si te hubieses apoyado, te habrías caído abajo.
    
    Ahora la terca clienta parecía más consternada por que la hubiese piropeado que por la barandilla podrida. De todos modos, me moví un paso y otra sección se desprendió con un ligero tirón.
    
    — ¿Con qué te gustaría reemplazarla, Silvia? —pregunté tuteándola—. ¿Algo parecido? ¿O tienes otra cosa en mente?
    
    — ¡Yo... yo no...! —balbuceó.
    
    — Bueno, te diré una cosa —ofrecí—. Sanearé el resto y lo cargaré en mi camioneta. Mientras lo hago, piensa qué te gustaría poner y luego te doy un presupuesto aproximado, ¿de acuerdo? Te trataré lo mejor posible —comenté mirándola de arriba abajo con buenos ojos—, me has caído bien.
    
    Indignada por mi descaro, se dio la vuelta sin decir palabra y entró en la casa, cerrando de un portazo y dejándome solo en el jardín. Me pregunté dónde demonios guardaría ...
    ... aquel mal genio con lo bajita que era, y no pude dejar de sonreír imaginando la respuesta.
    
    Luego saqué una palanca de mi camioneta y desmonté las barandillas podridas. Las cargué y en su lugar puse varias cintas a franjas blancas y rojas para señalar el peligro de caída. Tomé algunas medidas más e hice algunos cálculos antes de llamar a la puerta. Al cabo, se abrió unos centímetros y Silvia asomó la cabeza.
    
    — Aún no lo he decidido, ya le aviso —dijo antes de cerrar la puerta y echar el cerrojo.
    
    Me había dejado con la boca, pero me encogí de hombros y me despedí alzando la voz.
    
    — ¡Tómate el tiempo que necesites! ¡Ciao!
    
    __________________
    
    Tiempo después, mi teléfono vibró justo cuando estaba saliendo de mi trabajo principal, pues lo de hacer de manitas es una actividad secundaria para ocupar las tardes y fines de semana y sacar algo de dinero extra. Saqué del bolsillo el aparato y contesté.
    
    — Buenos días, dígame.
    
    — Hola, Alberto. Soy Silvia.
    
    Hube de pensar un momento antes de recordar de quién se trataba.
    
    — Ah, hola, Silvia. ¿Cómo estás?
    
    — Bien, gracias —contestó risueña—. He estado dándole vueltas a lo de la barandilla y me gustaría hablar contigo. ¿Puedes pasarte?
    
    ¿Acaso no era la misma persona? Esa alegre y emocionada Silvia no se parecía en nada a la gruñona con quien discutí dos semanas atrás.
    
    — Claro, puedo pasarme mañana.
    
    — No, no, me refiero a hoy, ahora.
    
    — Bueno, estoy saliendo de trabajar ahora mismo. Pero puedo pasarme más ...
«1234...8»