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El manitas y la barandilla de Silvia
Fecha: 30/06/2026, Categorías: Hetero Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos
... tarde, sobre las seis. — Imposible, a esa hora me va fatal, trabajo en el turno de noche y estaré durmiendo. Es ahora cuando tengo tiempo. — Lo siento, pero ahora mismo no puedo. Puedo pasarme a las seis, o mañana por la mañana si quieres —ofrecí. — De acuerdo —espetó—. Mañana a las siete —y la conversación terminó tan bruscamente como empezó. El sábado a las siete de la mañana toqué el timbre y Silvia me abrió enseguida, con los mismos pantalones y la misma camisa gris de la última vez. — Buenos días —sonreí. — La quiero igual que estaba antes de que la rompiera —dijo sin más. — ¿Vieja y podrida? —bromeé. — Ogh, qué gracioso —dijo con sarcasmo—. Me refiero al mismo estilo, pero a juego con las molduras. — Bueno, entonces: mismo diseño, misma altura, pero diferente color. Suspiró poniendo los ojos en blanco. — Sí, eso he dicho. — Perfecto —dije—, solo quiero asegurarme de que entendemos lo mismo . — No creo que sea tan complicado —rezongó—. ¿Cuándo estará listo? — Podría hacerlo este fin de semana. — Trabajo de noches. No puedes hacer ruido mientras intento descansar. — En un par de semanas tendré un día libre, ¿te viene bien? — ¡Y tener eso así hasta entonces! ¡Los idiotas de mis vecinos se quedan mirando como si se me cayera la casa a pedazos! —clamó cada vez más enojada— ¡Si por lo menos no lo hubiese roto…! Me encogí de hombros. — Tú decides. Este fin de semana o en dos semanas. A menos que prefieras que lo haga ...
... otra persona. Disgustada, la mujer se cruzó de brazos de ese modo tan sexy en que solía hacerlo, ensalzando su hermoso escote. — Está bien, venga mañana —cedió al fin con resignación—. Pero más le vale no despertarme. ¡Y no me rompa las plantas! — No lo haré —le aseguré. Cerró la puerta y echó el cerrojo tan malhumorada como siempre. __________________ Al tratarse de un trabajo en el exterior, me organicé y fui a trabajar en la barandilla el viernes por la tarde. Para cuando anocheció, además de haber saneado todo a conciencia, había medido y marcado los nuevos tramos de barandilla. El sábado por la mañana volví, usando herramientas manuales en lugar de eléctricas para minimizar el ruido. Tardé más tiempo, pero la barandilla estaba instalada y con la imprimación puesta al mediodía. Por supuesto, me aseguré de que las plantas volvieran a estar en el mismo sitio que antes. Estaba limpiando cuando se abrió la puerta del patio y Silvia salió vestida con una bata colorida y llevando una taza de café en la mano. — ¡Qué demonios haces! —preguntó escandalizada—. ¡La quiero blanca, idiota, no color madera! Me reí entre dientes y le dediqué una sonrisa. — ¿Ese café es para mí? —bromeé tomando la taza de sus manos antes de que atinase a reaccionar. — ¡¿Eh?! —protestó con una mueca de indignación. — Bonita bata —comenté tras un sorbo de café, contemplando con interés el nacimiento de sus pechos—. Muy colorida. Te sienta bien. Bajó la mirada, cerró su ...