1. El manitas y la barandilla de Silvia


    Fecha: 30/06/2026, Categorías: Hetero Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos

    ... los ojos de par en par, jadeando cuando la punta se estrelló de nuevo contra su cérvix.
    
    — ¡¡¡OGH!!!
    
    — Te vas a enterar tú ahora —gruñí al tiempo que la agarraba y tiraba del cabello.
    
    Inmovilizaba bajo el peso de mi cuerpo, la sometí a mi voluntad; balanceé las caderas para penetrarla a conciencia, enérgicamente, abriéndome paso en sus entrañas y colmándola por completo hasta que, finalmente, logre que la arpía permaneciese quieta, dócil, absorbiendo la devastadora cantidad de placer que la estremecía de pies a cabeza.
    
    La atraje hacia atrás para que quedara a cuatro patas, pero hube de sujetarla pues apenas se sostenía. Con mi miembro hinchado al máximo, seguí arremetiendo severamente, sin asomo de compasión. Deslicé la mano por su espalda, hacia abajo. Luego rodeé su cintura en pos de su clítoris, que hallé y froté con brío.
    
    Otro gemido fuerte salió de sus labios cuando empezó a vibrar de nuevo, temblando violentamente al sentir como la acometía otro tremendo orgasmo. Poco a poco se fue deslizando hacia adelante hasta que se desplomó sobre el colchón, jadeando mientras la desolación cedía y parte de mi miembro se deslizaba hacia afuera.
    
    Continué más lentamente, entrando y saliendo a placer, disfrutando de la sensación caliente y pringosa mientras aquella leona yacía despatarrada y ronroneante bajo mi cuerpo, conteniendo las ganas y el instinto de embestir con contundencia para hacerlo suavemente y con mimo. Aunque una vez que su respiración se calmó, ...
    ... empujé más profundo, rodeé su cintura con mi brazo y la coloqué.
    
    — ¡Dios mío! —sollozó.
    
    Le sujeté de la mandíbula, le dije al oído lo bien que me lo estaba pasando y la besé con pasión. Entonces la muñeca rubia se revolvió, envolvió mi cuello con sus brazos y se abrazó a mí como si le fuese la vida en ello. Lenguas y sexos nos conectaban de forma simultánea y, tras otro furioso delirio de la pequeña campeona, puse sus piernas sobre mis hombros con mi polla clavada en ella hasta la raíz.
    
    — ¡Joder —clamó—, se siente enorme!
    
    Manteniéndola flexionada, embestí y embestí hasta que explotó en un clímax fluido, a chorros, con los ojos en blanco y la boca abierta mientras temblaba violentamente, recorrida por una nueva sucesión de orgasmos que no parecía tener fin.
    
    — Eso es, preciosa —la animé mientras luchaba por contener el semen en mis testículos.
    
    Pero la mujer de repente se quedó floja, aturdida, con la cabeza apoyada en la cama y los ojos cerrados. Me incliné y la miré más de cerca, dándome cuenta de que se había desmayado. Le di unos golpecitos suaves en la cara.
    
    — Silvia... ¿Estás bien? ¿Silvia?
    
    Hasta que por fin respiró hondo, abrió los ojos e intentó comprender qué había ocurrido.
    
    — ¿Qué demonios ha sido eso? —preguntó mientras volvía en sí. Me reí y le limpié la saliva de la comisura de la boca.
    
    — Lo que necesitabas —respondí.
    
    — ¡Oh, Dios! Nunca me había pasado esto —admitió después de todo.
    
    Mientras masajeaba los lugares adecuados, moví las ...
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