1. El manitas y la barandilla de Silvia


    Fecha: 30/06/2026, Categorías: Hetero Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos

    ... caderas y la penetré de nuevo, provocando en ella una inquietud instantánea. Sollozó con desasosiego y levantó ambas manos.
    
    — No... No puedo más —suplicó—. Un momento, por favor.
    
    Me incorporé ligeramente y mi polla saltó fuera de ella, dejándola tranquila. Lo malo era que tenía la polla para reventar y me dolían las pelotas por la necesidad de vaciarme.
    
    — ¿Te corriste dentro? —musitó.
    
    — No. Mira —aseguré poniendo su mano sobre mi miembro para que se cerciorase de lo duro y palpitante que estaba todavía.
    
    — ¡Madre mía! —suspiró.
    
    — De todas formas, quédate tranquila. Me operaron hace tiempo —la informé—. No vas a quedarte embarazada.
    
    — Oh.
    
    Me arrodillé cerca de su hombro, con mi resplandeciente polla rozando sus labios al acomodarme a su lado. Mientras su mano bombeaba lentamente mi miembro, su lengua se deslizó fuera de la boca y lamió una gotita que se había formado en la punta.
    
    — Ummm —musitó con deleite.
    
    — ¡¡¡OOOGH!!! —clamé yo al instante.
    
    Bramé como un oso malherido antes de explotar y regar de semen su rostro, y es que aunque su boca abierta anhelaba atraparlo, los primeros chorros salieron con tanta presión que salpicaron su mejilla y más allá. Sin embargo, su mano continuó sacudiendo mi miembro y los siguientes lanzamientos fueron a parar uno tras otro entre los ansiosos labios de la rubia.
    
    Silvia sonrió de una forma increíblemente sexy mientras lamía arriba y abajo. Era meticulosa, y cuando acabó conmigo volvía estar limpio de ...
    ... cualquier rastro.
    
    — Me tiemblan las piernas y dentro de un rato tengo que volver al hospital —anunció con desolación.
    
    — Pues llama a esa jefa insoportable y tómate el día libre —sugerí—. Así podría completar tú tratamiento y terminar mañana la barandilla.
    
    Silvia se rio al limpiarse el semen de la cara.
    
    — Joder, me has puesto perdida.
    
    — Lo siento —me excusé—. La siguiente la pondré aquí —dije deslizando la mano sobre su vientre, provocándole una risita nerviosa.
    
    — Un momento, campeón —sonrió—. Antes haré esa llamada.
    
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    Al final no pinté la dichosa barandilla hasta el domingo por la tarde, pero una vez terminada, llamé a Silvia y le pedí que saliese a la terraza a inspeccionar el resultado.
    
    — ¿Qué te parece?
    
    — ¡Me encanta! Es justo lo que quería —me elogió—. Se ve mucho mejor.
    
    — Y más fuerte —añadí—. Empújala.
    
    Puso las manos en la barandilla y se inclinó a sujetarla con ambas manos mientras yo me colocaba detrás de ella.
    
    — ¡Firme, sí!
    
    Metí una mano bajo su camiseta para ahuecar su pecho desnudo, mientras deslizaba la otra bajo la parte delantera de sus pantalones cortos.
    
    — Veamos qué tan fuerte es realmente —le susurré al oído—. Mantén las manos en la barandilla.
    
    Inclinada hacia adelante, le bajé los pantalones a medio muslo, atraje su trasero hacia mí y, un segundo después, mi polla se deslizaba dentro de su sexo. Empecé a follarla a la vez que metía una mano por delante y frotaba su clítoris. No obstante, en vez de ...
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