1. La Última Carta de La Hondonada (3)


    Fecha: 01/07/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: mensajera22, Fuente: TodoRelatos

    ... segundo. La preparó. La abrió. Hasta que el cuerpo de Carmen, traicionado por su propia humedad, comenzó a responder.
    
    Se colocó detrás de ella. Guió su erección hasta la entrada. La punta rozó el orificio. Luego, empujó.
    
    Carmen volvió a gritar. Un grito largo teñido de placer. El dolor era soportable. Sentía que la llenaba por dentro. Pero Alonso siguió avanzando. Lento. Implacable. Hasta que estuvo dentro. Hasta que su pubis chocó contra sus nalgas.
    
    Permaneció así un momento. Inmóvil. Dejando que el cuerpo de Carmen se acostumbrara. Que aceptara lo inevitable.
    
    Luego, comenzó a moverse.
    
    Empujaba con lentitud, con una cadencia que no era de pasión. Carmen, con la frente pegada a la alfombra, sentía que el mundo se desvanecía. Que el tiempo se detenía. Que solo existían aquel dolor, aquel placer prohibido, aquella unión que no debía ser.
    
    Alonso gemía. Cada vez más fuerte. Cada vez más cerca del final. Le sujetó las caderas con fuerza, marcando el ritmo. Aumentó la velocidad. Las nalgas de Carmen temblaban con cada embestida. El sudor le corría por la espalda. El olor de sus cuerpos, mezclado con el del aceite y el cuero, ...
    ... llenaba el aire.
    
    —Sí… sí… así… mi sangre… mi carne… mi hija…
    
    Y entonces, llegó. Con un gemido profundo, casi animal, se derramó dentro de ella. Sintió que su semen brotaba, caliente, espeso.
    
    Permaneció dentro un momento. Luego, se retiró lentamente. Carmen cayó de lado, exhausta, con el rostro cubierto de lágrimas, sudor y saliva. No se movió. No habló.
    
    Alonso se arrodilló a su lado. La cubrió con su capa. La abrazó. La besó en la frente.
    
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    Desde aquella noche, los encuentros se repitieron. No todas las noches. Solo cuando el viento soplaba del norte, cuando la luna estaba llena, cuando el silencio del cortijo era más denso que el miedo. Carmen aprendió a moverse entre dos mundos: el de la hija obediente que servía el té a los invitados, y el de la mujer que se entregaba al hombre que la había engendrado.
    
    Carmen tras una relación incestuosa con Don Alonso Montiel, su padre, se casó con un banquero de Córdoba y se fue al norte. El único heredero vivo era Rafael, hijo de su hijo mayor, un joven de veinte años, educado en Granada, con estudios de Derecho y una inclinación por la poesía que a su abuelo le parecía una afrenta. 
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