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El Juego Oscuro del Tabú - Parte 3
Fecha: 18/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: LaDiablita, Fuente: TodoRelatos
... hombre, pasando una mano posesiva por sus nalgas—. Jugosa como un melocotón maduro. El primer azote resonó como un disparo. Astrid gimió, no tanto por el dolor sino por la vergüenza, sintiendo cómo su propio cuerpo la traicionaba al humedecerse bajo la atención de todos. Su padre, sentado en su sillón como un espectador más, no apartaba la mirada, los labios entreabiertos, una mano desapareciendo bajo la mesa. Márquez no perdió tiempo. El sonido de su cinturón desabrochándose hizo que Astrid cerrara los ojos, pero un gruñido autoritario la obligó a abrirlos. —Mírame, putita— ordenó, alineándose a su entrada—. Quiero ver esos ojitos llorar cuando te rompa. Y así fue. La penetración fue brutal, sin preliminares, sin compasión. Astrid gritó, las uñas arañando la madera pulida mientras Márquez la empujaba hasta el fondo de un solo movimiento. —¡Dios!— jadeó, sintiendo cómo se estiraba para acomodarlo, cómo cada centímetro ardía de una manera deliciosamente dolorosa. Alrededor, los invitados se apiñaban para ver mejor. El señor Rojas había bajado con Rosario, quien observaba la escena con los labios húmedos y la blusa desabrochada. Las gemelas del contador se masturbaban mutuamente mientras comentaban entre susurros. —Así se hace, Márquez! —gritó alguien. —Fóllate a esa zorra como se merece! —agregó otro. Márquez obedeció, agarrando las caderas de Astrid y estableciendo un ritmo salvaje que hacía temblar la mesa. Cada embestida la empujaba contra ...
... el borde, cada retroceso dejaba un vacío que solo volvía a llenarse con más fuerza. —¿Te gusta que te vean, princesa? —preguntó el hombre, inclinándose para morder su hombro—. ¿Te gusta que tu papi vea cómo te lleno? Astrid no pudo responder. Las palabras se le ahogaron en un grito cuando Márquez cambió el ángulo, rozando ese punto interno que hizo que su visión se nublara. Sus piernas temblaron, sus músculos se tensaron. —¡Voy a…! —intentó avisar, pero ya era demasiado tarde. El orgasmo la golpeó como una ola, haciendo que se arqueara y gritara sin vergüenza, sus contracciones apretando a Márquez como un puño. El hombre maldijo, sus dedos hundiéndose en su carne mientras también caía, derramándose dentro de ella con gruñidos animales. El silencio que siguió solo fue roto por los aplausos burlones de los espectadores. Márquez se separó con un sonido húmedo, dejando que todos vieran el resultado de su conquista. —Bueno, parece que gané más de lo que esperaba —bromeó, limpiándose con un pañuelo antes de ofrecérselo a Astrid. Ella lo tomó con manos temblorosas, demasiado avergonzada para mirar a su padre. Pero cuando alzó la vista por fin, lo que vio no fue decepción ni ira en sus ojos. Era orgullo. La noche avanzaba entre risas ahogadas, el tintineo de copas y el susurro de naipes deslizándose sobre la mesa de póker. Astrid observaba desde un rincón, las piernas aún temblorosas por el uso que Márquez le había dado, mientras su padre acumulaba fichas ...