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El Diagnóstico del Deseo - Parte 1
Fecha: 19/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Nicole Hot, Fuente: TodoRelatos
... falsa invadiendo su espacio personal. —Como sabe, su condición es… peculiar —comenzó a decir mientras deslizaba un estetoscopio frío por su espalda—, el síndrome de Von Hertzenberg es extremadamente raro. Solo unos pocos casos en el mundo. Maite asintió, conteniendo las lágrimas. Recordaba el día en que el doctor le había dado el diagnóstico: "No puede exponerse al sol, al polvo, al estrés… su sistema inmunológico es tan frágil que un resfriado común podría matarla". —Por eso es vital que permanezca aquí, bajo mi supervisión constante —continuó el doctor, sus dedos ahora presionando su abdomen con excusa médica—, le preparé un régimen de medicamentos y… ejercicios especiales. —¿Ejercicios? —preguntó Maite, arrugando su frente angelical. El doctor sonrió, una expresión que no llegaba a sus ojos. —Sí, para fortalecer su… resistencia —dijo, mientras su mano descendía peligrosamente hacia su muslo—, pero eso será mañana. Hoy debe descansar. Se apartó bruscamente, como si recordara algo, y tomó un frasco de pastillas del escritorio. —Tome una cada noche —le indicó—, ayuda con los síntomas. Maite tomó el frasco con manos temblorosas, sin sospechar que esas pastillas no eran más que placebos. Que el síndrome de Von Hertzenberg no existía. Que todo—desde el diagnóstico hasta este aislamiento—había sido meticulosamente planeado por el doctor Castro Moreno desde el día en que esa niña de diecinueve años, tan inocente como sensual, había entrado en su ...
... consultorio por un simple dolor de cabeza. El doctor la condujo a su nuevo dormitorio—una habitación pequeña con una cama estrecha y una ventana con barrotes discretos—y cerró la puerta tras de sí con un click que sonó como un candado. —Descansaremos temprano —dijo desde el otro lado—, mañana comenzaremos el tratamiento. Maite se sentó en la cama, abrazando sus rodillas contra el pecho. Fuera, el viento silbaba entre los árboles, un sonido que ya le parecía más solitario que nunca. Tomó una de las pastillas y la tragó con un sorbo de agua, sin saber que en pocas horas, el sedante que contenía la dejaría en un sueño tan profundo que ni siquiera escucharía cuando la puerta de su habitación se abriera. Y el doctor, al otro lado del pasillo, se servía un whisky mientras revisaba el "plan de tratamiento" que había escrito para su nueva paciente. Un plan que no incluía curas, sino sumisión. El primer rayo de sol apenas comenzaba a filtrarse entre las cortinas pesadas cuando los nudillos del doctor resonaron contra la puerta del dormitorio de Maite. —Maite, mi niña, es hora de levantarse —la voz del doctor Castro Moreno era melosa, como miel derramándose sobre hierro caliente— tenemos un día muy ocupado. Maite se removió entre las sábanas ásperas, su cuerpo menudo aún pesado por el sueño intranquilo. La cama —demasiado dura, demasiado estrecha— le había dejado un dolor sordo en la columna. Entreabrió los ojos color miel claro, desenfocados por el letargo, justo cuando ...