1. El Diagnóstico del Deseo - Parte 1


    Fecha: 19/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Nicole Hot, Fuente: TodoRelatos

    ... la puerta se abría sin ceremonia.
    
    El doctor se acercó con pasos medidos, su sombra engordada por la luz del amanecer que caía sobre el cuerpo curvilíneo de Maite. Su mano —grande, con venas prominentes y uñas pulidas— se posó en el hombro desnudo de la joven, donde la camiseta de dormir había cedido, revelando piel de porcelana.
    
    —Vamos, mi querida paciente —sus dedos apretaron levemente— antes del desayuno debo examinarte.
    
    Maite tragó saliva, pero asintió. Se incorporó con torpeza, la trenza rubia —deshecha por la noche— cayendo sobre sus pechos pequeños pero perfectamente torneados. El doctor no disimuló su mirada mientras ella se estiraba, el escote de su pijama revelando el suave valle entre sus senos.
    
    El consultorio olía a alcohol y a algo más denso, un aroma que Maite no pudo identificar pero que le erizó la piel. La camilla de examen —ahora con una sábana de papel crujiente— la esperaba bajo la luz fría de una lámpara quirúrgica.
    
    —Desvístete, por favor —el doctor se lavaba las manos en el lavabo, de espaldas a ella, pero su reflejo en el espejo no perdía detalle— es un examen completo.
    
    Maite contuvo un jadeo. Sus dedos temblorosos desabrocharon los botones de la camiseta, dejando que la tela cayera al suelo. El aire frío del consultorio le recorrió el cuerpo, endureciendo sus pezones rosados. Dudo antes de bajar las bragas de algodón, pero el sonido de los guantes de látex al estirarse la decidió.
    
    —Así, muy bien —el doctor se acercó, sus ojos ...
    ... oscuros recorriendo cada centímetro de su cuerpo desnudo: las caderas estrechas, el vientre plano, el triángulo rubio y bien formado entre sus piernas— respira hondo.
    
    Sus manos enguantadas comenzaron el "examen":
    
    —Eres virgen? —preguntó mientras sus dedos presionaban su abdomen bajo el ombligo.
    
    Maite parpadeó, sorprendida por la pregunta.
    
    —N-no... —sus mejillas se encendieron— solo con mi ex novio.
    
    El doctor asintió, escribiendo algo en una tabla imaginaria.
    
    —¿Cuántos hombres?
    
    —Solo él... —su voz era un hilo— me dejó cuando supo de mi enfermedad.
    
    Una sonrisa se dibujó bajo el bigote canoso del doctor.
    
    —Un imbécil. No merecía tocarte —sus manos descendieron hacia sus caderas, los pulgares rozando el hueso ilíaco— ¿Sexo anal?
    
    Maite sintió que el suelo se movía bajo sus pies descalzos.
    
    —¡N-no! —el rubor le subió hasta las orejas.
    
    —¿Oral? —el doctor no levantó la vista, ocupado en "medir" el contorno de sus nalgas paraditas.
    
    —U-una vez... —susurró, sintiendo cómo algo entre sus piernas —contra toda lógica— respondía al examen con una humedad traicionera.
    
    El doctor Castro Moreno no pudo evitar que su bata blanca se tensara levemente frente al vientre. Cada respuesta de Maite, cada temblor de su voz, cada centímetro de piel que se sonrojaba bajo su escrutinio médico, alimentaba un fuego que llevaba meses avivando.
    
    —Excelente —murmuró, y esta vez sus manos no se detuvieron en lo clínicamente aceptable.
    
    Una palma se posó en el monte de Venus ...