1. El Diagnóstico del Deseo - Parte 1


    Fecha: 19/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Nicole Hot, Fuente: TodoRelatos

    ... del doctor en su nuca, pesado y caliente, mientras continuaba con las repeticiones.
    
    —Ahora, estocadas —ordenó, y ella cambió de posición, una pierna adelante, la otra atrás, sintiendo cómo se estiraban sus músculos internos.
    
    El doctor caminó a su alrededor, como un león rodeando a su presa, deteniéndose justo frente a ella para "corregir" su postura.
    
    —Los brazos así —dijo, tomando sus muñecas y levantándolas, haciendo que sus pechos se tensaran aún más.
    
    Maite tragó saliva, pero continuó. Cada ejercicio era más intenso que el anterior, y cada vez el doctor encontraba una excusa para tocar, ajustar, "corregir".
    
    El peso muerto fue el más difícil. Maite, ahora sudorosa, con la piel brillando bajo la luz del mediodía, levantó las pesas pequeñas que el doctor le había dado, doblando la cintura de manera que su trasero quedaba perfectamente expuesto.
    
    —Perfecto —susurró el doctor, mordiendo su labio inferior—. Tu cuerpo responde muy bien, Maite.
    
    Ella sonrió, sintiendo un extraño orgullo por complacerlo, aunque algo en su interior le decía que esto no era del todo normal.
    
    —Ahora, puente de glúteos —dijo él, colocando una mano en su vientre para que se recostara—. Este es el más importante.
    
    Maite se acostó sobre la colchoneta, doblando las rodillas y levantando las caderas hacia el techo. El doctor se arrodilló entre sus piernas, sus ojos ...
    ... fijos en el lugar más íntimo de ella.
    
    —Quédate quieta en esta posición —ordenó, y antes de que Maite pudiera preguntar por qué, sintió sus dedos en su clítoris.
    
    —¡D-doctor! —gritó, tratando de cerrar las piernas, pero él las mantuvo abiertas con firmeza.
    
    —Es parte de la terapia —explicó, su voz ronca—. Estimular esta zona aumenta el flujo sanguíneo. Fortalece tu sistema inmunológico.
    
    Maite quería protestar, pero los dedos del doctor ya habían comenzado a moverse en círculos precisos, expertos. Una ola de placer comenzó a crecer dentro de ella, contradiciendo toda lógica.
    
    —No... no debería... —gemió, pero su cuerpo arqueado decía lo contrario.
    
    —Relájate, Maite —susurró el doctor, acelerando el ritmo—. Deja que tu cuerpo sienta.
    
    Y ella lo hizo. El climax llegó como una ola, sacudiéndola desde los dedos de los pies hasta la coronilla. Cayó sobre la colchoneta, jadeando, mientras el doctor se retiraba con una sonrisa de satisfacción.
    
    —Muy bien —dijo, limpiándose las manos en un pañuelo—. Hoy fue un gran avance.
    
    Maite, todavía temblorosa, apenas podía asentir. Sabía que algo no cuadraba, pero el placer que acababa de experimentar nublaba su juicio. Mientras el doctor salía de la habitación, dejándola sola con sus pensamientos y el olor a sexo en el aire, Maite se preguntó cuánto más estaría dispuesta a hacer por su "cura".
    
    Continuara... 
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